La escritora mexicana Elena Poniatowska, Premio Cervantes 2013

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En el Premio Cervantes de este año tocaba latinoamericano, venía bien que fuera mujer y nadie podría reprochar al Ministerio de Cultura español que se premiara a una escritora volcada en causas ideológicas de izquierdas. Así que Elena Poniatowska ha prevalecido sobre otros candidatos con más títulos literarios.

El jurado le ha otorgado el premio Cervantes, el más importante en lengua castellana, por “una brillante trayectoria literaria en diversos géneros, de manera particular en la narrativa y en su dedicación ejemplar al periodismo”.

Elena Poniatowska, nacida en París en 1932, es hija de padre francés de origen polaco y madre mexicana. Ha cultivado un periodismo que mezcla la información con la literatura, y es autora de más de 40 libros (novelas, relatos, ensayos, testimonios…).

El jurado del Cervantes afirma que “su obra destaca por su firme compromiso con la historia contemporánea”. En la historia hay de todo, pero Elena Poniatowska ha anclado su compromiso en dar voz a los desfavorecidos, dentro de los cánones ideológicos de la izquierda mexicana.

Hasta no verte, Jesús mío (1969), sobre la vida de una soldadera mexicana, es una de sus novelas más celebradas. En La piel del cielo (2001), un contestatario humilde convertido en prestigioso astrónomo choca contra el ambiente cultural y político que se resiste a la modernización de México. La vida de un líder mexicano de la huelga en el ferrocarril es el tema de El tren pasó primero (2006), que le valdría el premio Rómulo Gallegos otorgado por el gobierno de Venezuela, entonces presidido por Hugo Chávez.

Otro género que ha cultivado con éxito es la crónica de grandes acontecimientos de tipo político. La noche de Tlatelolco (1971) es una historia oral del movimiento estudiantil de 1968, que en México terminó en la matanza en la plaza de las Tres Culturas. En 2007 publica Amanecer en el Zócalo, una crónica sobre la acampada postelectoral del candidato de izquierdas Andrés López Obrador, que se resistió a reconocer su derrota en las presidenciales.

En España, a pesar del premio Alfaguara concedido en 2001 a su novela La piel del cielo, no ha encontrado hasta ahora mucho público.

Es la cuarta mujer que recibe el Premio Cervantes, tras María Zambrano (1988), Dulce María Loynaz (1992) y Ana María Matute (2010).

Una obra entrañada en la sociedad mexicana

Elena Poniatowska representa dos cosas aparentemente opuestas: por un lado, el elegante cosmopolitismo, ya que desciende por vía directa nada menos que del último rey de Polonia; y por otro, el feminismo de izquierda, algo así como una versión mexicana de la gauche divine europea.

Siendo muy niña, su familia se trasladó a México, huyendo de la persecución nazi. Muy pronto se dio a conocer como reportera irónica y brillante en los principales medios de comunicación de su país de acogida. Por eso, su obra siempre se ha movido entre la ficción y el relato periodístico. Ya en los años sesenta adquirió fama como entrevistadora de personalidades célebres de la política y la cultura.

En 1969 publica el que tal vez siga siendo su mejor libro, Hasta no verte, Jesús mío, texto novelado que se basa en los testimonios reales de una campesina, Jesusa Palancares, quien fue soldadera durante la Revolución y que, tras una vida llena de penalidades, acabó como sirvienta en la capital. El libro tuvo un éxito resonante, gracias al poder evocador de su lenguaje oral y a la fuerza vital de la protagonista. Allí Poniatowska hace gala de esa falsa ingenuidad que disfraza en el fondo un profundo sarcasmo.

También de entonces es La noche de Tlatelolco, otro de sus libros más célebres, sobre la represión estudiantil de 1968. Poniatowska se ha movido, pues, más cómoda en el terreno del relato no ficticio. Incluso en Querido Diego, te abraza Quiela (1978), una falsa novela epistolar acerca de las relaciones del gran pintor Diego Rivera con la rusa Angelina Beloff, se ha basado en hechos históricamente probados.

En cambio, sus últimas novelas, La piel del cielo (2001), con la que obtuvo el premio Alfaguara de novela, o El último tren (2005) no tienen la frescura de las obras mencionadas. El reciente Cervantes supone un espaldarazo, al mismo tiempo que un reto escondido: el tiempo sentenciará si todos estos reconocimientos sirven para que esta obra profundamente entrañada en la sociedad mexicana trasciende más allá de sus fronteras. Javier de Navascués.

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