El libro electrónico o la biblioteca portátil

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En unas declaraciones a Le Monde (22-VI-99), Joseph Jacobson, profesor del Massachusetts Institute of Technology, explica las virtualidades de una nueva tecnología por él desarrollada, la tinta electrónica, que permite crear libros electrónicos de apariencia similar a los de papel.

Jacobson afirma que “no se trata de hacer desaparecer el libro sino de renovarlo”. Si sólo se pudiera acceder a la información a través de una pantalla sería una marcha atrás. “Recientemente, un visitante de nuestro laboratorio decía que, si el libro se hubiera inventado después del ordenador, habría constituido un avance importante. Sus cualidades son, en efecto, destacables: ligereza, disponibilidad, bajo coste, funcionamiento sin consumo de energía, cualidad de visualización notable…”.

Además, “el libro constituye un interface particularmente adaptado al hombre. El cerebro humano posee una excelente memoria espacial que le permite localizar aproximadamente una información o un pasaje después de una lectura. Sabe muy bien si hay que buscar al comienzo del libro, hacia la mitad o al final. Además, al hojear una obra es posible hacerse rápidamente una idea de su contenido. Una facilidad que ningún ordenador, ni ninguna página de Internet puede ofrecer. Hay que preservar todas esas ventajas confiriendo al libro nuevas posibilidades”.

Jacobson describe su invento como “un ‘libro’ compuesto de páginas flexibles de apariencia plastificada, todas vírgenes. El lector no tendría más que descargar en él sus textos preferidos con un ordenador o conectándose a Internet”. El contenido así transferido lo podría leer cuando y donde quisiera sin consumir energía.

La tinta electrónica utilizada en este libro está compuesta por cápsulas diminutas que contienen partículas negras y blancas (carbono y dióxido de titanio). Aplicando un campo eléctrico a una capa de esta tinta depositada sobre papel, se puede actuar sobre la posición de estos dos tipos de partículas en el interior de las cápsulas y obtener así puntos negros o blancos. Una fina matriz de electrodos dispuesta bajo la tinta permite actuar sobre cada uno de los puntos (pixels). Se pueden crear así letras, dibujos o fotos. El sistema es estable aunque se corte la corriente eléctrica.

Entre las nuevas funciones que ofrecerá el libro electrónico, Jacobson menciona la de crear un libro que “contenga a la vez el conjunto de textos que he leído, junto con mis anotaciones en los márgenes, así como mis notas sobre mis invenciones y mis ideas. Este libro único me acompañaría durante toda mi vida”.

En el campo educativo, la versión electrónica permitiría modificar fácilmente y con pocos gastos los manuales escolares que cambian todos los años.

También sería posible crear un libro destinado a un solo lector sobre un tema muy específico. “Con un libro electrónico podría reunir todo lo que se ha publicado sobre el tema, desde artículos científicos a recortes de prensa y extractos de otras obras. El resultado sería una obra única que no existe en otra parte, y que ha sido realizada especialmente para mí. Yo me convierto entonces en mi propia editorial y en el único lector de mi producción”.

En cuanto a la forma del libro, Jacobson piensa que el número ideal de páginas estaría entre 200 y 400. El tamaño sería un poco superior al de un libro de bolsillo. Por lo que se refiere al peso, dice que “estamos trabajando en la fabricación de hojas que no pesen más que el papel”. La definición alcanza actualmente los 100 puntos por pulgada, pero se espera llegar hasta 500.

Respecto al modo de integrar en el libro la memoria necesaria para registrar obras leídas durante toda una vida, más los escritos personales, Jacobson explica: “La memoria es un factor importante, pero, para el texto, no supera cantidades razonables. Por otra parte, hay ya soluciones que permiten integrar el sistema de archivo dentro del libro electrónico. El último disco duro de IBM, el Microdrive, no mide más que 2,5 centímetros cuadrados y contiene 340 megas de datos. El archivo de una obra ocupa alrededor de 1 mega. Este disco podría, pues, contener no menos de 340 libros. Gracias a su tamaño minúsculo podría disimularse en la tapa del libro. Además, estamos trabajando en un tipo de memoria enteramente nueva que permitiría archivar la información con ayuda de la propia tinta. La memoria estaría así integrada en cada página del libro”. Según Jacobson, este tipo de libro podría estar disponible en el mercado en un plazo de tres a cinco años, si bien dentro de dos años se ofrecerán ya las primeras aplicaciones de la tinta electrónica.

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