Eduardo Mendoza: un mestizaje literario realista y paródico

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Duración lectura: 6m. 54s.

Eduardo Mendoza (Barcelona, 1943) ha obtenido el premio Cervantes 2016 por su capacidad, con palabras del Jurado, de “devolver al lector el goce del relato y el interés por la historia que se cuenta”. Excelente narrador, su literatura, como ha escrito su biógrafo Llátzer Moix en su libro Mundo Mendoza (Seix Barral, 2006), tiene dos rasgos constantes: la capacidad para describir la realidad de manera realista, crítica y escéptica –como sucede en La ciudad de los prodigios, quizás su obra cumbre– y la acusada vena paródica, irónica y humorística de sus novelas “menores” –como las de la serie policiaca iniciada con El misterio de la cripta embrujada–.

En todas sus novelas, con diferentes variantes y registros, siempre dentro del realismo tradicional –con toques de humor anglosajón–, Mendoza emplea un estilo sencillo, directo, nada vanguardista, que lo convierte en un escritor muy cercano a los lectores actuales. Para Llátzer Moix, Mendoza “funde el conocimiento y el respeto a la mejor tradición literaria nacional y occidental con una vocación de ruptura, de investigación y de afortunada afirmación personal, sin ofender al lector exigente ni discriminar al popular”. Por lo general, sus novelas están muy trabajadas desde un punto de vista documental, histórico y testimonial, con un atrayente análisis vital y sociológico, aunque este rasgo a veces rebaje el alcance estético y existencial de sus tramas y personajes.

Mendoza ha cultivado una literatura policiaca de corte paródico, con una vena humorística y gamberra con la que ha construido novelas hilarantes

Mendoza ejerció la abogacía hasta que en 1973 se trasladó a Estados Unidos para trabajar como traductor en la ONU. Allí escribió La verdad sobre el caso Savolta, que publicó en abril de 1975, pocos meses antes de la muerte de Franco y que muchos consideran la primera novela de la Transición. Desde entonces, con sus subidas y bajadas, Mendoza es uno de los escritores españoles más leídos y traducidos.

En torno a Barcelona

A primera vista, en La verdad sobre el caso Savolta parece una novela policíaca, pues se trata de descubrir quién es el culpable de la serie de asesinatos que salpican a la empresa Savolta, en la Barcelona de 1917, agitada por las reivindicaciones obreras contra las patronales y la proliferación de bandas anarquistas. Sin embargo, Mendoza esquiva con habilidad los ingredientes típicos de la intriga policiaca, y hasta de la novela histórica, aunque unos y otros están presentes, para convertir su obra en una especie de original informe-collage en el que se reconstruyen los hechos varios años después.

Con un enfoque narrativo muy novedoso, que poco tiene que ver ni con los excesos de la novela experimental ni con el realismo crítico en boga en los años setenta, Mendoza novela los despojos de la corrupción, las desmedidas ansias de poder y los desmanes del utopismo revolucionario, todo ello en una ciudad, Barcelona, de la que se destacan y describen sus miserias y grandezas, los sitios más chic y los tugurios más chabacanos, con un estilo trasparente, lineal, adaptando al ritmo vertiginoso de la narración. La novela cosechó un imporante éxito y provocó una profunda renovación en las técnicas novelísticas de aquellos años.

También está ambientada en Barcelona otra de sus grandes novelas, La ciudad de los prodigios, en esta ocasión entre los años de las dos Exposiciones Universales, las de 1888 y 1929. Su pícaro protagonista es un muchacho recién llegado del campo, pobre, ignorante y aprendiz de anarquista que llegará a 1929 convertido en un hombre rico y poderoso, sin escrúpulos, especializado en el engaño y la mentira. Su historia, que funciona también como una parodia de la burguesía, es como un símbolo de la trayectoria recorrida por la propia Barcelona en esas décadas de grandes cambios que transformaron su fisonomía y su filosofía. Con maestría y un gran trabajo literario, Mendoza convierte esta ficción histórica en una crónica testimonial, cruda, amoral y desgarrada.

Novelas menores

En La isla inaudita, un empresario catalán se traslada a Venecia cansado de las dificultades de su negocio familiar. Poco a poco, sin embargo, se enamora de esa ciudad y, también, de una joven a la que conoce casualmente. La novela, sin acabar de cuajar, mezcla la evocación lírica y fantástica con una narración novelística más o menos inconexa y superficial sobre un amor adúltero.

Con un enfoque narrativo muy novedoso, “La verdad del caso Savolta” es un original informe-collage que reconstruye unos asesinatos al cabo de varios años

En El año del diluvio se acentúa la tendencia light de la novelística de Mendoza con una historia sobre los amores mundanos de una religiosa, superiora de un convento en la Cataluña de los años cincuenta. El autor vuelve a mostrar su capacidad para contar historias que enganchen a los lectores, aun con argumento tópico e intrascendente.

Una comedia ligera contiene los mejores rasgos literarios de Mendoza. Situada en 1948, describe especialmente el mundo del teatro y de la burguesía catalana durante la posguerra. Su protagonista es un exitoso y acomodado autor de vodeviles cómicos cuya pasión por los escarceos amorosos le acabará complicando grotescamente la vida hasta asmiliarla a los argumentos de sus comedias de enredo.

Peor resultó Mauricio o las elecciones primarias, ambientada en la Barcelona de mediados de los ochenta. El autor quiere reflejar el clima social de una generación que había depositado grandes esperanzas en la democracia hasta que, desencantados de la política, se dedicaron a ganar dinero. Por su tendencia a la parodia y al tópico, la novela resulta fallida y parcial en su pretencioso análisis sociológico de una época.

Riña de gatos, premio Planeta 2010, está ambientada en Madrid, en los meses anteriores al inicio de la Guerra Civil. En ella describe la “anormalidad” de los hechos políticos y sociales que se vivieron en esas fechas en la capital. La radiografía que hace Mendoza de la II República resulta tópica y manida, lo mismo que muchos de sus personajes y hasta la propia trama, descompensada y con tendencia a la ligereza y la improvisación.

Sus paródicas obras policiacas

Además de las obras que le han dado merecido prestigio, Mendoza ha cultivado una literatura policiaca de corte paródico, con una vena humorística y gamberra con la que ha construido novelas hilarantes con personajes próximos a la locura que emplean un lenguaje caricaturesco y engolado (“heterodoxo, vulgar y culterano”, lo define el autor). Los resultados han sido desiguales.

Mendoza emplea un estilo sencillo, directo, nada vanguardista, que lo convierte en un escritor muy cercano a los lectores actuales

Inaugura esta serie El misterio de la cripta embrujada (1979), donde ya aparece el protagonista, un innominado e improvisado detective, ingresado en un psiquiátrico, que se ve envuelto en unas intrigas policiacas. De ellas se sirve al autor para dar una sarcástica visión de Barcelona.

Siguen El laberinto de las aceitunas y La aventura del tocador de señoras, muy ingeniosa y divertida. Mendoza ha vuelto a recurrir a su ingenioso protagonista en dos novelas más, El enredo de la bolsa y la vida y El secuestro de la modelo extraviada (2015), con resultados claramente inferiores.

Más libros humorísticos

Muy alejadas del género policiaco se encuentran otras novelas como El último trayecto de Horacio Dos (2001) o El asombroso viaje de Pomponio Flato (2008), y su colección de relatos Tres vidas de santos. En ellas emplea unos argumentos disparatados y sarcásticos, muy exagerados, en los que hace gala de un humor vitriólico ya un tanto gastado.

Mejor fortuna ha tenido una novela anterior, Sin noticias de Gurb (1991), muy caricaturesca y satírica, que cuenta en forma de diario las peripecias de unos extraterrestres que aterrizan en la Barcelona anterior a los Juegos Olímpicos de 1992, mientras uno de ellos desaparece y se oculta bajo la apariencia de una cantante de moda.

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