Y si el Reino Unido se va, ¿qué?

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Los partidarios de que el Reino Unido deje la UE (Brexit) creen que si gana su postura en el referéndum del 23 de junio, los británicos tendrán más fuerza para gobernarse a sí mismos. Lo que incluye la capacidad de controlar por su cuenta la inmigración y de librarse de la burocracia generada en Bruselas. Pero ninguno de los escenarios posibles que esperan al Reino Unido tras su posible marcha garantiza estas aspiraciones.

(Actualizado el 24-06-2016)

El 23 de junio, los británicos decidirán si el Reino Unido sigue siendo miembro de la UE o si la abandona (1). Sin embargo, el resultado de la consulta no cerrará el debate sobre el futuro del país. Si gana el sí a la UE, habrá que concretar al detalle el estatus especial para el Reino Unido que obtuvo David Cameron el pasado febrero, tras negociar con los demás líderes europeos. No será un proceso fácil, pero al menos los pasos a seguir están claros.

Si gana el no, hay varios escenarios posibles. El problema es que todos imponen renuncias, como la pertenencia a la UE. Si todo se reduce a que el Reino Unido pueda decidir enteramente por su cuenta los asuntos de su incumbencia, es probable que ninguno resulte atractivo para los pro-Brexit. Sobre todo, si pretenden quedarse en el mercado único.

Sin soberanía en la UE

En un artículo publicado en The Conversation, Christopher Grey, profesor en el Royal Holloway de la Universidad de Londres, explica las dos opciones que tiene el Reino Unido para mantener el acceso (limitado) al mercado único. Una sería a través del Espacio Económico Europeo (EEE), compuesto por los Estados miembros de la UE y por Noruega, Liechtenstein e Islandia, tres países que no pertenecen a la UE pero sí a la Asociación Europea de Libre Comercio (EFTA). Para eso, el Reino Unido tendría que volver a la EFTA, de la que se fue en 1972.

Pero es improbable que esta fórmula guste a los pro-Brexit: al dejar la UE, el Reino Unido perdería la capacidad de decidir las reglas que rigen ese mercado, pues se queda sin representantes en las instituciones europeas. Además de “tragarse” esas reglas dictadas por otros, tendría que aceptar la libre circulación de trabajadores y seguir contribuyendo al presupuesto comunitario.

La otra forma de salvar el acceso a un mercado único más menguado sería reintegrarse en la EFTA, quedándose fuera del EEE, como Suiza. Las relaciones de este país con la UE se rigen por más de 120 acuerdos, negociados a lo largo de muchos años. Pero desde que en 2014 los suizos decidieron en referéndum poner cuotas de ingreso a los trabajadores de la UE, la Comisión Europea ha cerrado el grifo de las facilidades.

Si el Reino Unido aspira a empezar una vida fuera de la UE restringiendo la libre circulación de trabajadores, considerada por Bruselas un pilar básico del mercado único, puede ir olvidándose de conseguir un trato favorable como el conseguido antes por Suiza con esos acuerdos.

Adiós al mercado único

¿Qué alternativas quedan? Jonathan Portes, director del National Institute of Economic & Social Research, no se anda con rodeos: para que el Reino Unido pueda decidir enteramente por su cuenta su política migratoria, no bastaría con abandonar la UE sino que también tendría que dejar el mercado único.

Pero fuera de este mercado, el Reino Unido también tendría que hacer cesiones de soberanía. Dado que la mitad del comercio británico de bienes y servicios depende de su relación con países europeos, previsiblemente querrá mantener la cooperación con ellos. Y cualquier acuerdo comercial que establezca con un Estado miembro de la UE tendrá que pasar por el aro de las reglas comunitarias sobre exportaciones. Lo mismo ocurrirá si firma un acuerdo de libre comercio con la UE, opción favorita del Partido de la Independencia del Reino Unido (UKIP).

Otra posibilidad sería limitarse a un acuerdo de unión aduanera como el que tienen la UE y Turquía, explica Jean-Claude Piris, uno de los padres del Tratado de Lisboa. Pero aparte de que no desaparecería la exigencia de adaptarse a la política europea de competencia ni a otras reglas dictadas en Bruselas, dicho acuerdo solo afectaría al mercado de bienes, no al de servicios. Todo un revés para la actividad financiera de la City.

Es verdad que fuera del mercado único, el Reino Unido recuperaría la capacidad de controlar a su gusto la inmigración procedente de la UE. Ahora bien, los trabajadores británicos tampoco tendrían garantizada su libre circulación en los Estados de la UE.

Y aún quedaría por resolver otra cuestión. ¿Qué hacer con los 2,2 millones de ciudadanos de la UE que ya están trabajando en el Reino Unido? Por sí solo, el Brexit tampoco resolvería el “problema migratorio” que acusa el UKIP. Los trabajadores de la UE solo representan el 5% del total de la población activa británica, frente al 11% de los de fuera de la UE.

Cuando los burócratas están dentro

Otra cuestión vinculada a la soberanía es el exceso de normas que genera Bruselas, supuestamente impuestas a los Estados miembros en contra de su voluntad.

Pero la legislación europea no la dicta un ente abstracto. Corresponde negociarla y aprobarla al Consejo de la UE –formado por los ministros de cada Estado miembro– junto con el Parlamento Europeo, elegido directamente por los ciudadanos. Y los representantes británicos no son precisamente los más contrarios a las reglas.

Un análisis realizado por dos profesores de la London School of Economics, citado por The Economist, muestra que los ministros británicos de cada ramo se alinean con la mayoría del Consejo en el 87% de los casos. E incluso son más proclives que el resto a regular en dos áreas: cambio climático y servicios financieros. De modo que los contrarios a las reglamentaciones excesivas tendrían que preguntarse si el Brexit les libraría automáticamente de los burócratas… nacionales.

Contra esto se puede argumentar que el mercado laboral del Reino Unido es, según la OCDE, el menos regulado de la UE. Y es cierto. Pero este dato se vuelve contra los pro-Brexit: es la mejor prueba de que se puede ser soberano dentro de la UE.

Notas:

(1) El 23 de junio, los partidarios de dejar la UE ganaron el referéndum con el 51,9% de los votos, frente al 48,1% de los votos a favor de la permanencia. Lo que supone una ventaja de más de 1,2 millones de votos.


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