Sonic Mania

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Género: Plataformas.
Plataformas: Switch, PC, PS4, Xbox One
Desarrolladores: Christian Whitehead, Pagodawest Games, Headcannon.
Distribuidora: SEGA.
PEGI: 3.
Idioma: Totalmente en castellano.
Precio: 19,99 € (en descarga digital, próximamente en físico); 68,09 € (edición coleccionista para PS4).
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Si bien Mario lleva décadas perfeccionando su fórmula, Sonic parecía haber perdido el rumbo. 2017 fue un año destacable para el erizo, no tanto por su entrega tridimensional más reciente (Sonic Forces), sino por la sorprendente calidad de su modesto título bidimensional.

Sonic Mania es un proyecto hecho por entusiastas de la creación de videojuegos que emplea tecnología actual, con la cual emula a la de entonces, como si se tratara de un juego perdido de 1996. Recupera elementos clásicos y los mezcla con nuevas situaciones, con la intención de demostrar la solidez de la fórmula original y, al mismo tiempo, sorprender a los fans.

La trama, aunque existe, no influye demasiado en el avance, y solo los más conocedores de los Sonic clásicos (y de otras franquicias de SEGA) podrán apreciar sus guiños. En esta ocasión todo gira en torno al Rubí Fantasma, una gema que altera el espacio-tiempo y que ha caído en manos del villano Robotnik. Esta excusa argumental destaca por aportar coherencia a los niveles, situaciones y cameos del juego.

A lo largo de los niveles –9 reciclados y 4 inéditos– se suceden partes conocidas con tramos de nueva hornada, especialmente en los segundos actos de cada nivel y en los jefes finales. Estos últimos muestran el mayor despliegue de imaginación y dominio tecnológico al explotar todas las posibilidades de la herramienta de creación.

Como en la época de Mega Drive, se puede afrontar la trama con tres personajes principales: Sonic, Knuckles y Tails. Cada opción funciona de forma independiente con su propia ranura de guardado e introduce pequeñas variaciones. Las más evidentes son las habilidades de cada uno: Sonic cuenta con un nuevo impulso desde parado, Tails vuela un rato, y Knuckles rompe paredes, escala y planea hasta posarse sobre una superficie.

Dada la abundancia de niveles, secretos y fases de bonificación –entre las que destaca una pseudo-3D–, la duración por cada personaje puede ascender a unas 5 horas. En esta estimación se tiene en cuenta el nivel de dificultad, que hace pocas concesiones; si acaso, los diversos puntos de control de un nivel, ya que la partida solo se guarda al superar todos los actos de este.

Dos modos adicionales pueden alargar la vida del juego: Crono, para marcar los mejores tiempos y compararlos con la comunidad, y Competición, donde dos jugadores se enfrentan a pantalla partida –en PS4 se puede enviar el control del segundo jugador mediante Internet–. Como es habitual, la campaña oculta un modo cooperativo si se escoge la opción de Sonic con Tails: dos jugadores pueden controlar a los personajes a la vez y ayudarse para avanzar.

Además de las mencionadas, otras novedades que se incorporan son una mayor profundidad de color, mejores animaciones hechas a mano, diseños y músicas que no desentonan con los de los años 90, una mayor interactividad con los escenarios y diversos extras y potenciadores que se habilitan progresando. El mimo ha sido la nota predominante en un proyecto al que es difícil sacar pegas.

A lo sumo se podría pedir un mayor límite de tiempo para los niveles más complejos, ya que pueden llevar más de los 10 minutos estipulados, y que se habilitaran varios de los potenciadores para los personajes en campaña –y no solo en un modo específico–.

En conjunto, Sonic Mania es la entrega bidimensional definitiva del erizo y el juego que merecía desde hacía lustros. Por todas sus aportaciones, es un gran juego de plataformas que satisfará tanto a neófitos como a veteranos, especialmente a los fans de SEGA. Su uso puede promover la atención, los reflejos y la resolución de problemas.


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