Sugerencias de literatura infantil y juvenil (Navidad 2002)

Página 1

Selección de libros infantiles y juveniles 2002

Poesía para niños

Antología. Gloria Fuertes. (Madrid: Susaeta, 2001. 170 págs. Col. Grandes autores para niños; ilust. de Jesus Gabán; selección y prólogo de José Morán).

Cuidada edición que recopila textos y poesías de la escritora madrileña. En el prólogo se define su poesía como «juego, reinvención, disparate, palabras subidas a un tiovivo, ingenio, canción, sorpresa y humor; pero también, y no en menor medida, contenidos profundamente humanos, morales, dichos con una naturalidad desnuda y directa que a todos llega y acompaña y consuela: amor, soledad, pobreza, dolor, justicia, paz, Dios».

Jardín de versos para niños. Robert Louis Stevenson. (Madrid: Hiperión, 2001. 163 págs. T.o.: A Child’s Garden Verses. Ilust. de Jessie Willcox Smith; trad. de Gustavo Falaquera).

Magnífica versión castellana de uno de los grandes clásicos de poesía para niños, acompañada por las ilustraciones de una edición norteamericana de 1905. Es el primer libro de versos del escritor escocés, que dedicó a la que fue su niñera, y donde se contienen 64 pequeños poemas en los que intenta recuperar los sentimientos de su infancia.

 

Álbumes ilustrados

Guillermo, ratón de biblioteca. Asun Balzola. (Madrid: Anaya, 2001. 29 págs.; col. Sopa de libros).

Un apacible ratón de biblioteca llamado Guillermo, «a quien todos llamaban Shakespeare», es invitado por su primo a compartir un auténtico queso manchego. Nueva edición de un álbum magnífico, compuesto con unas acuarelas en tonos ocres y grises con ramalazos verdes, que habla de la importancia de aprender a disfrutar a la vez de la vida y de los libros, y de la satisfacción que deja el atreverse a vivir con sentido de aventura.

El ángel del abuelo. Jutta Bauer. (Salamanca: Lóguez, 2002. 43 págs. T.o.: Opas Engel. Formato pequeño apaisado).

El narrador cuenta que su abuelo, cuando era pequeño, pasaba por delante de la estatua de un ángel al que no hacía caso... Sin embargo, a lo largo de su vida, el ángel aparecerá una y otra vez, ayudándole sin que se dé cuenta, quitándole dificultades, añadiendo una suerte inexplicable a su vida. Acuarelas con un aire parecido a las de Jean Sempé para El pequeño Nicolás, magníficamente compuestas, para una historia formidable por su profundidad y su buen humor.

Lucas, un detective en el museo. Lauren Child. (Texto de Alexander Sturgis. Barcelona: Serres, 2002. 34 págs. T.o.: Dan’s Angel. Adaptación de José Morán y Marta Ansón).

Cuando Lucas entra en el museo pensando que allí encontrará cosas interesantes que investigar, se queda paralizado ante La Anunciación, de Fra Angélico, y más aún cuando el ángel Gabriel le habla y se ofrece a ser su guía... Al terminar habrá descubierto algunos misterios ocultos y sabrá mirar mucho mejor, algo tan importante para un detective. La inglesa Lauren Child, muy popular por sus ilustraciones desmañadas y humorísticas de aire pop, hace aquí un trabajo más discreto, de acuerdo con el tema, y consigue un gran álbum de arte.

Olivia. Ian Falconer. (Barcelona: Serres, 2001. 32 págs. Trad. de Esther Rubio).

Olivia, una pequeña cerdita hiperactiva, sueña con ser bailarina (como la del Ensayo General de Degas, su cuadro favorito), y decide pintar las paredes de su habitación como un cuadro de Pollock que vio en el museo y no le pareció gran cosa. Uno de los álbumes estrella del año: perfecto por su capacidad de alcanzar por igual a un público adulto y a un público pequeño, y por su categoría gráfica y literaria.

3 brujas. Grégoire Solotareff. (Barcelona: Corimbo, 2001. 28 págs. T.o.: 3 sorcières. Trad. de Margarita Trias).

Después de secuestrar a dos niños, las tres brujas cambiarán al ver que los chicos se ríen y se interesan por ellas. Solotareff intenta enganchar al lector con la fuerza y la claridad de sus composiciones: no pinta detalles, emplea un trazo negro muy grueso para enmarcar las figuras, usa colores restallantes cuyo contraste violento subraya los antagonismos o acentúa los aspectos absurdos, y señala particularidades de interés usando distintos ángulos de observación. En 3 brujas insiste, como en otras historias suyas, en la victoria final de un comportamiento ingenuo y bondadoso sobre otro más astuto y fuerte.

Madlenka. Peter Sís. (Barcelona: Lumen, 2001. 44 págs. Trad. de Alejandro Pérez Viza).

Cuando a Madlenka se le mueve un diente quiere decírselo a todo el mundo, y para eso va visitando a todos sus vecinos: el panadero francés, el kioskero indio, el heladero italiano, la vecina alemana, el verdulero peruano, su amiga egipcia...; y vuelve a su casa después de haber dado la vuelta al mundo... Álbum de un poderío gráfico deslumbrante, repleto de referencias a múltiples culturas, todo un elogio de la riqueza multiétnica de Nueva York, una ciudad que contiene al mundo entero en cada una de sus manzanas.

La pequeña marioneta. Gabrielle Vincent. (Barcelona: Zendrera Zariquiey, 2002; 73 págs. T.o.: Le petite marionettetrad. de Sylvia Oussedik).

Un niño solo, delante de un teatrillo de marionetas; el titiritero que se da cuenta de su presencia y hace actuar una marioneta para él; el niño que, preocupado cuando ve que un lobo quiere comérsela, agarra la marioneta y sale corriendo con ella; el titiritero que repara entonces en que el niño cree firmemente que la marioneta es de verdad y sale corriendo detrás... Relato contado casi exclusivamente con unos económicos dibujos a carboncillo, que parecen hechos de primera intención y que logran comunicar al lector todas las emociones del protagonista y del titiritero, tanto a través de las expresiones de las caras, a veces solo esbozadas, como por medio del movimiento que tienen las figuras. Ejemplo de álbum que funciona bien a todos los niveles: logrará la identificación con el niño-lector y con el adulto que simplemente lo vean, y a los más reflexivos los dejará boquiabiertos con el inteligente juego dentro-fuera, fantasía-realidad, niñez-madurez.

 

Narrativa para niños

Un cesto lleno de palabras. Juan Farias. (Madrid: Anaya, 2000. 92 págs. Col. Sopa de libros; ilust. de Fuencisla del Amo).

El abuelo de Pedro, que trabaja en una imprenta de las de antes, trae a casa un cesto lleno de palabras en el que, cuando Pedro mete sus manos, va descubriendo un mundo en cada una. Relato con escenas y diálogos en las que abundan descripciones y frases poéticas sencillas y felices, que también son óptimas para ser leídas en voz alta.

Cinco cuentos para uoiear. Ramón García Domínguez. (Barcelona: Edebé, 2001. 86 págs. Col. Tucán; ilust. de Francesc Rovira).

Después de un «PR L G », vienen seis capítulos que tienen el mismo título: Canto y cuento de la A, de la E, de la I, de la O, de la U, y de las cinco vocales. Para conectar directamente con los lectores pequeños e involucrarles en su relato, el autor usa el recurso propio de las narraciones orales de dirigirse continuamente a los lectores-oyentes, pero sabe hacerlo sin caer en ninguna clase de infantilismo y sin renunciar a proponerles juegos de ingenio que les llevarán más allá del libro.

Un niño y su papá. David Grossman (Seis historias tituladas: Ach Chadash Legamrei, Itamar Mitchav, Itamar Pogesh Armav, Itamar Metayel al Kirot, Itamar zayad hachalomot, Itamar we-Kova Ha-ksamin). (Barcelona: Montena Mondadori, 2001. 91 págs. Col. Contemporánea; ilust. de Barbara Nascimbeni; trad. de la edición italiana de 1999 de Nieves Nueno).

Seis relatos cortos, escritos en tercera persona pero desde dentro del protagonista: la madre de Itamar está esperando un hermanito; Itamar tiene ganas de recibir una carta, como sus padres; pierde su miedo a las liebres; pasea por las paredes y entra en los cuadros de su habitación; acaba conociendo mejor al duende que le asusta en sueños; cuando su padre ordena cosas viejas encuentra un sombrero mágico.

El autor recoge con acentos positivos el mundo interior del niño y presenta de modo atractivo el talante paciente y bromista de sus padres. De todas formas, quizá los acentos, tan luminosos para un lector adulto porque presentan muy bien la mezcla de fantasía y realidad del niño, quizá no sean los más apropiados para niños de pocos años como Itamar.

Las aventuras del comisario Cattus. Nuevas aventuras del comisario Cattus. Luis Ramoneda. (Barcelona: Magisterio-Casals, 2001 y 2002. 132 y 125 págs. Col. Punto Juvenil; ilust. de Eulalia Pallarés).

Cuatro historias, dos en el primer libro y dos en el segundo, en las que el comisario Cattus y sus ayudantes, el cuervo Vicente y el conejo Lucas, deben resolver diferentes casos. Relatos estructurados en capítulos cortos, contados con numerosos diálogos y un lenguaje asequible pero cuidado y rico. Los argumentos y los incidentes que se suceden son sencillos y lineales, pero los cuentos no son en absoluto blandengues: hay inquietud, dolor e incluso muertes. Es muy acertada la elección de los nombres y el modo en que los comportamientos reflejan distintas actitudes humanas.

A cien kilómetros por hora con mi perro. Jeremy Strong. (Barcelona: Edebé, 2001. 114 págs. T.o.: The Hundres Mile an Hour Dog. Col. Tucán, serie verde; ilust. de Davi; trad. de Mari Carmen Llerena).

Cuando Trevor debe sacar a pasear a Rayo, su perro, las cosas se le complican debido al matón de la clase, y se le arreglan gracias a Tina, una compañera que resulta ser una «organizadora nata». Relato acelerado en el que se suceden persecuciones, carreras y situaciones disparatadas. Pero, además del ritmo imparable, el lector-niño encontrará comparaciones divertidas y observaciones con las que le resultará fácil identificarse.

 

Narrativa para jóvenes

El pueblo sombrío. Lucía Baquedano. (Madrid: Edelvives, 2002. 119 págs. Col. Sueños de papel).

Isabel, una chica universitaria que vuelve a su pueblo navarro en verano, acaba descubriendo un zulo de ETA, cayendo en la cuenta del significado completo de sucesos olvidados de su infancia, y encontrando novio en un chico que se define a sí mismo como «convencional y aburrido». Novela centrada en los conflictos afectivos de la protagonista y narradora, y que deja en segundo plano los aspectos argumentales de «thriller». La historia se va tensando al compás de los vaivenes interiores que sufre Isabel, al principio los normales en cualquier persona joven, pero de profundidad y altura mucho mayores cuando entran en juego vidas humanas. Ejemplo de relato que cumple con honradez y categoría su función de puente hacia temas y obras literarias de gran calado, y que puede por eso ser calificado de buena literatura juvenil.

La leyenda del Rey Errante. Laura Gallego García. (Madrid: SM, 2002. 215 págs. Col. El Barco de vapor, serie Roja).

Walid, príncipe de Kinda, un joven con muchas cualidades para ser un gran Rey, es derrotado tres veces consecutivas por un tejedor de alfombras en un certamen de poetas; cuando se deja llevar por el rencor, los acontecimientos lo llevan a perder su reino y huir, a unirse a una partida de bandoleros primero, a un clan de beduinos más tarde y, finalmente, a trabajar para un importante mercader. Buena historia, en la tradición de algunos cuentos clásicos orientales, que atrapa el interés del lector y que tiene momentos excelentes. Sería realmente magnífica si evitase algunas obviedades típicas a lo Paulo Coelho, de quien es la cita que abre la novela.

Espiando a un amigo. Batya Gur. (Madrid: Siruela, 2001. 234 págs. T.o.: Meraguel betoj ba-bait. Col. Las Tres Edades; trad. de Sonia de Pedro).

Shabi, un chico de doce o trece años, tutor en su escuela de Benyi, un alumno más pequeño de ocho años, quiere descubrir qué pasa cuando Benyi se comporta de modo extraño. En sus vendidas novelas policiacas, la escritora israelí cuenta las cosas de un modo lento y pormenorizado, algo muy apropiado para ir desvelando poco a poco los entresijos del caso y para ir mostrando el mundo interior de sus personajes. Y aunque el mismo estilo calmoso y discursivo en boca de un narrador de doce años no acaba de funcionar bien, la historia interesa porque los personajes y las relaciones entre ellos están bien dibujadas.

Me queda Madrid. (Madrid: Editex, 2002. 189 págs.) Amordazados. (Madrid: Bruño, 2002. 155 págs.; col. Paralelo Cero). Santiago Herraiz.

En Me queda Madrid, Martín, un chico gallego que ha comenzado a estudiar Derecho en Madrid, cuenta sus primeros meses en la capital, hasta la muerte inesperada de un compañero de clase; y en la segunda parte de la historia, un profesor de la facultad se propone recuperar a Martín cuando desaparece de la circulación. En Amordazados el protagonista es Antxo, un agente que sigue la pista de un terrorista que planea un atentado próximo en Madrid, y al que Guzmán, un chico que observa cosas extrañas en un piso de universitarios que son vecinos suyos, le da las pistas que necesita. Si en la primera novela el autor revela un gran dominio de los ambientes y de las mentes juveniles, que pinta con buen humor sarcástico e incisivo, en la segunda muestra un sobresaliente pulso narrativo al construir con precisión un tenso relato de acción de los que no se pueden dejar hasta el final.

Recordando a Lampe. José Luis de Juan. (Madrid: SM, 2001. 203 págs. Col. Gran angular).

Después de ser criado de Kant durante casi cuarenta años, el antiguo soldado del ejército prusiano Martin Lampe es despedido y sustituido por otro ex soldado llamado Kauffmann. Relato fluido, bien enmarcado tanto en los ambientes interiores como en la época histórica, cuidado en su lenguaje y recorrido todo él por una ironía bienhumorada. El lector termina interesado tanto en la historia personal del obtuso Lampe y del diligente Kaufmann, como en las numerosísimas singularidades de la conducta de Kant, un hombre del que «la soberbia no era una de sus debilidades».

La mansión Dax. César Mallorquí. (Madrid: SM, 2001. 220 págs. Col. Gran Angular plus).

Alejo Zarza, nacido en el barrio madrileño de Lavapiés hacia 1880, después de un origen a lo Oliver Twist, alcanza muy joven una reputación de carterista de leyenda y es fichado por el multimillonario Sebastián Dax para vivir y recibir una educación especial junto con otros «jóvenes talentos» muy singulares. Narración con aires barojianos y un ritmo narrativo trepidante, y en el que tanto la evolución moral del protagonista como los episodios de su vida se mantienen dentro de los mínimos exigibles de verosimilitud.

Los chicos de New Forest. Frederic Marryat. (Madrid: Palabra, 2001. 358 págs. T.o.: The Children of New Forest. Col. Astor; trad. de Elena Castro Oury).

Inglaterra, 1647, guerra civil entre los monárquicos y los «roundheads»; los cuatro hijos del difunto coronel Beverley son salvados por Jacob Armitage, un guarda del bosque que los lleva con él a su casa y los educa; pasado el tiempo intentan recuperar lo que era suyo. Última novela que su autor compuso para un público joven, y la primera «novela histórica» protagonizada por chicos, Los chicos de New Forest ha seguido editándose ininterrumpidamente desde su publicación: su estilo retórico en los diálogos y el ritmo pausado con el que van sucediendo los hechos no restan tensión a la historia. Y es que Marryat, aunque se dirige a lectores jóvenes e intenta subrayar en todo momento el comportamiento recto de sus protagonistas, no compone una novela de buenos y malos sin más: matiza las cosas cuando es necesario, hace notar cómo los chicos rectifican sus juicios y cómo se van abriendo sus ojos.

Fan y la reina de los piratas. César Vidal. (Madrid: Alfaguara, 2001. 183 págs. Col. Alfaguara Juvenil).

China, siglo X; Fan, un chico de 14 años cuya familia es cristiana ocultamente, después de ser expulsado de unas difíciles oposiciones a funcionario imperial para las que se había preparado duramente, se une a la Reina Tsu y sus piratas del río Tse Kiang para frustrar una inminente invasión de los bárbaros, con lo que se gana el reconocimiento del emperador. Como las demás novelas juveniles de aventuras del autor, también esta tiene un argumento atractivo, está centrada en pocos personajes, se sitúa en ambientes y momentos históricos bien documentados que se precisan con un apéndice final, se propone promover el debido respeto a las creencias de cada uno, y en ella se usa el tono narrativo propio de los relatos folletinescos: «Fan podía tener muchos defectos, pero entre ellos nunca se había encontrado el de la cobardía».

 


Nuestra web utiliza cookies para facilitar el servicio. Si continúa navegando entendemos que las autoriza.