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Rod Dreher: “La opción benedictina no es huir del mundo, sino ser cristianos contraculturales”


Rod Dreher acerca su libro The Benedict Option1 a España, adonde ha venido para presentar la versión castellana, La opción benedictina (Encuentro). La obra propone un modelo de vida y supervivencia para el creyente occidental en un mundo postcristiano, apostando por generar una contracultura fuerte que, de alguna forma, marque las diferencias con el resto del mundo.


El libro se publicó en Estados Unidos en marzo de 2017, y Dreher, miembro de la Iglesia ortodoxa oriental, no imaginaba el impacto y la sorpresa que esta obra causaría en una Europa que, según el mismo autor reconoce, ya lleva viviendo desde hace tiempo la situación que él describe en Norteamérica.

En esta entrevista desentrañamos algunas claves de la “opción benedictina” propuesta por Dreher (Luisiana, EE.UU., 1967) y dejamos abiertas otras a la lectura del libro.

— ¿Cuál podría ser un buen sumario de su obra tras las muchas entrevistas, conferencias y charlas que ha hecho sobre ella?

“Hay que construir una comunidad que insista en las diferencias que los cristianos tenemos respecto al resto del mundo”

— El mayor malentendido acerca de La opción benedictina es que parece que llamo a los cristianos a huir del mundo y construir una fortaleza en las montañas. He escuchado esto muchas veces de gente que no ha leído el libro. ¡Y están seguros de que lo creo! La verdad es que en el libro digo que estamos en un mundo postcristiano, un mundo cada vez más hostil para los cristianos. Si nos decidimos a sobrevivir en este entorno, podemos ser más radicalmente contraculturales. Quiero decir con esto que hay que construir una comunidad que insista en las diferencias que los cristianos tenemos respecto al resto del mundo, y hacer cosas que refuercen tal diferencia. Esto no significa que nos escondamos del mundo, sino que cuando salimos al mundo debemos ser fieles representantes de Jesucristo.

Más contemplación y silencio

— En este caso, ¿qué debería hacer un cristiano para mantenerse fiel a sus creencias?

— En el pasado vivíamos en una civilización cristiana en la que no había una gran división entre la fe y el mundo. Pero los tiempos han cambiado y si queremos seguir escuchando la voz del Señor, tenemos que pasar más tiempo en contemplación y en silencio. Y no solo de forma metafórica, sino también literal. Así que cuando salgamos al mundo no podemos dejar la fe a un lado y tenemos que estar preparados para sufrir por Cristo.

Sufrir es algo normal. Los cristianos podrían perder el trabajo, buenas oportunidades y cosas así por mantenerse fieles a su fe. Esto ya ha pasado antes, y pasa ahora en otras partes. Pero esto es nuevo en Estados Unidos. Incluso en España habéis tenido movimientos anticlericales en el pasado. Pero es algo que los americanos nunca hemos pensado que nos pudiera pasar.

Necesitamos prepararnos para ello y estar preparados para no sucumbir al odio y a la persecución. Siempre estoy preparado para luchar, pero Dios espera que suframos incluso esa persecución por parte de gente que nos odia. Es difícil, pero no solo es cosa de Estados Unidos, al menos en nuestra Iglesia. Nuestros líderes religiosos, católicos y protestantes, no están preparados para ello. La Iglesia norteamericana es de clase media, adicta a ese confort de la clase media. Pero tenemos que prepararnos para lo que venga, porque lo que conocíamos se ha terminado.

— ¿Ha evolucionado la idea del libro, en esencia o en parte, tras estos meses hablando sobre el tema con tanta gente?

— Escribí el libro para cristianos norteamericanos y jamás imaginé que fuera publicado en Europa. Pero, de hecho, es un éxito aquí. Ya está traducido a nueve idiomas. Cuando he venido a Europa, me he encontrado con que aquí dicen: Pero ¿qué problema tienen los norteamericanos? Resulta que mi principal audiencia europea está formada por católicos en torno a los cuarenta años o más jóvenes que conocen la sociedad postcristiana y que han vivido en ella. Saben que en esta sociedad tienes que vivir la descristianización. En Estados Unidos piensan que eso no va a pasar, mientras que en Europa no tienes que discutir con la gente: todos lo saben. Así que siempre que vuelvo a casa tras visitar Europa lo hago con más esperanza tras vivir con jóvenes católicos, porque estáis por delante de nosotros. Tenemos que aprender de vosotros acerca de cómo tener fe y vivir en estas circunstancias.

Deísmo terapéutico

— Usted recoge la idea de Christian Smith sobre la nueva cultura religiosa de los millennials, que él llama MTD, “moralistic therapeutic deism”. Creo que es bastante parecido a lo que está pasando aquí en Europa…

— Ese deísmo moralista terapéutico es la religión universal de los jóvenes norteamericanos, pero también de mi generación. Incluso de la de mis padres: hemos crecido con él. Es un cristianismo cultural, y es una suerte que en la actual crisis sepamos lo que es cristianismo y lo que no lo es.

— ¿Qué puede hacer un cristiano para afrontar esta situación?

Bueno, cosas básicas, nada muy dramático. Cosas ordinarias como rezar más, crear comunidad, adorar a Dios… Cosas que deberíamos hacer siempre. La “opción benedictina” es acudir a la iglesia, ser Iglesia. Pero creo que lo principal es un cambio de conciencia. Tenemos que darnos cuenta de que esta crisis es seria y que si no somos un cristianismo contracultural, el cristianismo se va a desvanecer.

Llamé a este libro La “opción” benedictina porque siempre tenemos una posibilidad de decir “no” a Dios. Y Él nos dará lo que pidamos. Pero si los cristianos queremos realmente salvar nuestra fe y servir a Dios, debemos seguir en Él. Hay que decidir si seguir el camino del resto de la sociedad o seguir nuestro camino.

Cuento una historia en el libro sobre una chica que quería ser misionera. Se lo dijo a sus padres y ellos fueron a hablar con el pastor, y él dijo: “¡Es maravilloso!”. Y los padres le replicaron: “No, pastor, ¡nos tiene que ayudar a impedir que arruine su vida!”. Esta gente iba con lo que la sociedad consideraba que es poder y éxito en el mundo. Los verdaderos cristianos tienen que estar preparados para perder poder y éxito en nombre de Cristo. Esto no lo hemos tenido que hacer antes (en EE.UU.).

Sin embargo, los cristianos de Egipto y de Oriente Medio están siendo asesinados por su fe, así que no hace falta remontarse a la historia lejana de la Iglesia: podemos ver lo que pasa en nuestra historia viva. Seguro que también en España hay gente que puede hacerlo.

Cosas pequeñas pero importantes

— Usted destaca el papel de la familia en la sociedad actual, también para su “opción benedictina”. ¿Podría ponerme algún ejemplo del papel de la familia en sus miembros, especialmente en los jóvenes?

“Lo más importante es considerar el hogar como un lugar en el que todo debe estar dirigido a encontrar a Dios”

— Creo que lo más importante es considerar el hogar como un monasterio doméstico, como un lugar en el que todo debe estar dirigido a encontrar a Dios. Y no hablo de ser unos cristianos fanáticos; hablo de cosas más sencillas como, por ejemplo, prohibir a los niños el uso de teléfonos móviles.

En una de mis visitas a un campus cristiano, hablé con los profesores y con el sacerdote y les pregunté cuál era el principal problema con los chicos. Me dijeron que era siempre la pornografía o una completa adicción a los smartphones. He visto el efecto en mi propia familia. Mi esposa y yo no dejamos a nuestros hijos tener móvil, les dejamos un uso muy limitado de acceso a los ordenadores y somos muy cuidadosos con lo que les dejamos ver en la televisión. A ver, estos chicos están expuestos al mundo. Creemos que no es suficiente decirles las cosas malas, sino también decir “sí” a las buenas.

Mi hijo Lucas tiene 15 años. Toca en una banda de música y hace arte. La mayoría de los chicos de su clase están obsesionados con los videojuegos y con YouTube, por lo que a Lucas le resulta muy difícil encontrar amigos porque no hace esas cosas. Pero yo le digo: “Mira, Lucas, créeme, esto es lo mejor. Estás construyendo tu ‘yo’ dejando atrás lo malo y eligiendo aquello que es mejor. Tu madre y yo estamos tomando decisiones por ti hasta que tú puedas tomar decisiones por ti mismo”.

Esas pequeñas cosas son tremendamente importantes. Y muchos cristianos estadounidenses no piensan que lo sean, y lo siento mucho.

— También menciona la importancia de estar bien educado en la fe.

— Vivimos en una cultura dirigida principalmente por la emoción. Una vez fui a un colegio protestante a presentar mi obra y me centré en la importancia de las prácticas regulares para profundizar en la fe. Al acabar, una estudiante levantó la mano y me dijo: “¿Por qué no es suficiente amar a Jesús con todo nuestro corazón tal y como nuestros padres hacen?”. Le dije: “Bueno, es importante amar a Jesús, pero si ese amor no toma formas concretas, al final eso es solamente una emoción y desaparecerá en cualquier momento”. La joven no tenía ni idea de lo que le estaba diciendo.

Después de la charla, un profesor se me acercó y me dijo que lo que pensaba esa chica era lo mismo que pensaban el 99 por ciento de los estudiantes del campus. Han entrado en una cultura de Iglesia que es tratar siempre de estar contento y decir “¡Jesús es mi mejor amigo!”. Y todos los alumnos están de acuerdo con esa idea, pero cuando salen al mundo, la primera vez que alguien les dice: “Lo que creen los cristianos es malo”, se colapsan porque no están educados mentalmente y no conocen profundamente las cosas importantes como cristianos.

Crear escuelas cristianas

— ¿Podría poner algún ejemplo de cómo los cristianos pueden emprender acciones contraculturales?

— Podríamos crear nuevas escuelas, las clásicas escuelas cristianas. No sé la situación en España, pero a lo mejor es posible ser creativos. El Papa Benedicto XVI decía que, en una sociedad postcristiana, los cristianos deberían ser minorías creativas. Y creo que lo decía en serio. La “opción benedictina” es ese plan, un programa que consiste sobre todo en que, si hay un problema, hay que llamar a los verdaderos creyentes y que juntos colaboren por salvar la fe frente a la desesperanza.

“El Papa Benedicto XVI decía que, en una sociedad postcristiana, los cristianos deberían ser minorías creativas”

— Con esta opción benedictina, ¿hay esperanza para el cristianismo en Occidente?

— Sí, pero esperanza no es lo mismo que optimismo. Esperanza, para un cristiano, no es solo creer en que todo va a ir a mejor, sino que hay una seguridad de que Dios está de forma incondicional. Creo de verdad que el cristianismo, entendido a través de la opción benedictina, nos prepara para afrontar el sufrimiento con alegría y que gente que está sola, perdida y desesperada verán que Dios está por nosotros, a través de nosotros y en nosotros.

En el libro hago referencia a la profecía de Joseph Ratzinger en 1969. Dijo que la Iglesia pasaría una crisis terrible, que perdería poder, salud y estatus. Que todo el mundo se alejaría. Que lo único que quedaría es un pequeño grupo de verdaderos creyentes que quisieran a Dios sobre todas las cosas. Y que, a partir de ahí, de aquellos pequeños granos de mostaza, comenzaría el renacimiento de la fe. Ratzinger aún no ha visto su profecía hecha realidad, pero creo que deberíamos escucharle y que cada uno de nosotros sea una de esas semillas de mostaza.