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Preguntas en forma de imágenes


Los hermanos Dardenne, Koreeda, Malick, Miyazaki, Iñárritu… En los últimos años, podemos seguir el rastro de un nuevo cine cuya vocación no consiste solamente en entretener, sino en invitar a la reflexión. De eso trató un seminario internacional1 sobre “Identidad personal y reconocimiento en personajes e historias de cine y TV”, celebrado en la Pontificia Universidad de la Santa Cruz (PUSC) los días 10 y 11 de diciembre pasado.


“Cuando el hombre posmoderno ha tocado fondo, vuelven a surgir con más fuerza las grandes preguntas”, dijo Juan Orellana, profesor de narrativa audiovisual en la Universidad CEU San Pablo. “Estas son películas que plantean muy bien las preguntas. Quizá no dan las respuestas o no dan todas las respuestas. Quizá no es la misión de la narrativa dar respuestas. Pero son películas con las que se puede dialogar, que representan bien a la persona”, explicó Enrique Fuster, profesor de la PUSC y organizador del seminario.

El encuentro con el prójimo

El cine de Jean-Pierre y Luc Dardenne es un buen ejemplo de esta invitación a reflexionar a través de las imágenes. Títulos como El niño de la bicicleta o Dos días, una noche2 ponen el dedo en una de las llagas de la sociedad posmoderna: la indiferencia frente al otro. Juan José García-Noblejas señaló cómo por medio de Sandra –protagonista de la segunda película– descubrimos que el otro es ante todo un “prójimo”.

“Con Sandra y a través de ella –afirmó García-Noblejas– podemos apreciar la irrupción de la persona: no es cuestión de empatía, es cuestión de descubrir que uno no es el único ‘yo’. Y es cuestión de descubrir que, más allá de la ‘necesidad’ económica de ocupar un puesto de trabajo en la sociedad, está la posición en que –como prójimos– hacemos sociedad ‘aportando’, haciéndonos cargo de los demás. Es decir, esforzándonos en ayudar a que esos ‘individuos’ se conviertan en personas”.

La figura del padre

“Nuestra época está marcada por el eclipse de la figura del padre”, dijo Antonio Malo, profesor de antropología en la PUSC. Este rasgo del panorama posmoderno es retratado fielmente por dos títulos de esta década: De tal padre, tal hijo3, del japonés Hirokazu Koreeda, y El hijo del otro4, de la cineasta francesa Lorraine Lévy. Estas dos películas nos ayudan, según Malo, a comprender “la relación presente en nuestra cultura entre la ausencia del padre y la dificultad del hijo para alcanzar su identidad”.

Cuando el hombre posmoderno ha tocado fondo, vuelven a surgir con más fuerza las grandes preguntas” (Juan Orellana)

Frente a estas cintas, “la pregunta que se le plantea al espectador es la siguiente: ¿puede el hijo mantener su identidad sin el reconocimiento por parte del padre? Y la respuesta es negativa: sin aceptación paterna el hijo carece de identidad”. Sin embargo, la carga dramática de ambas no llega a la tragedia: “Quizá porque en nuestra sociedad la falta del padre es algo tan común, que no parece revestir una maldad especial. Creo que ahí, en la ausencia de temor ante la privación del padre, se observa la verdadera crisis de la paternidad”, explicó el profesor Malo.

Hacer sitio a la belleza

“Un periodista francés, con motivo del estreno de Gertrud, en 1965, preguntó a Dreyer: ‘Maestro, ¿qué me cuenta de su arte?’. Dreyer le respondió: ‘Gracias por hablar de arte’”. Alberto Fijo, crítico de cine, partió de esta anécdota para hablar del cine de Terrence Malick, donde la belleza se presenta como un camino hacia la trascendencia. “En el cine de Malick, en el cine de Dreyer, en el cine de Miyazaki… se hace sitio a la belleza”.

Según Fijo, Malick realiza un cine sub specie aeternitatis, con vistas a la eternidad. “Su cine quiere hablar de la gracia, porque Malick no ha dejado de ser nunca un hombre de fe”. Gracias a la cuidada fotografía de Emmanuel Lubezki, las últimas películas del cineasta texano son un bello poema sinfónico con “un carácter sacramental”. Por difícil que parezca su cine, “Malick quiere ser entendido, pero tiene sus claves. En El árbol de la vida5, la belleza se presenta para ser comprendida”.

En el territorio del cine de animación, la obra de Hayao Miyazaki nos sumerge en una búsqueda de la belleza unida a las tradiciones japonesas. “Miyazaki tiene esa capacidad de hacer que una escena cotidiana se convierta en algo absolutamente diferente”, dijo Laura Montero, autora de El mundo invisible de Hayao Miyazaki6. “Sin duda ha conseguido transformar lo cotidiano en extraordinario”.