Otros estrenos (23 marzo 2018)

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Breves notas sobre algunas películas que se estrenan el 23 de marzo.

 

El viaje de sus vidas
The Leisure Seeker

Director: Paolo Virzì. Guion: Stephen Amidon, Francesca Archibugi, Francesco Piccolo, Paolo Virzì, basado en la novela de Michael Zadoorian. Intérpretes: Helen Mirren, Donald Sutherland, Christian McKay, Janel Moloney, Dana Ivey, Dick Gregory. 112 minutos. Jóvenes-adultos. (XD)

The Leisure Seeker no solo es el título original de este film, sino también el nombre de una vieja caravana en la que los octogenarios Ella y John, deciden hacer un último viaje solos, antes de que sus graves problemas de salud lo hagan imposible. Su destino: la casa de Hemingway en Key West, donde al parecer estuvieron hace decenios. A lo largo del camino irán aflorando recuerdos de toda una vida y también secretos guardados desde hace décadas, que hieren con dolor auténtico… tan verdadero como el amor que aún hoy siguen profesándose.

El viaje de sus vidas es la primera película que el guionista y director italiano Paolo Virzì, de 54 años (Locas de alegría), realiza en Estados Unidos. Según el propio Virzì, le atrajo “el espíritu subversivo de la historia, pues habla de la rebelión de dos viejos contra los médicos, contra sus hijos y contra las normas sociales y médicas”. Destaca la interpretación de dos grandes del cine norteamericano y los chispeantes diálogos, en los que se transparenta toda una vida compartida: Ella y John no pueden vivir el uno sin el otro. Sin embargo, precisamente aquí radica el inconveniente de esta, en sí, bella historia: que se acerca demasiado a los planteamientos de Michael Haneke, en Amor y Happy End. José M. García Pelegrín.


La casa junto al mar
La villa

Director: Robert Guédiguian. Guion: Robert Guédiguian, Serge Valletti. Intérpretes: Ariane Ascaride, Jean-Pierre Darroussin, Gérard Meylan, Jacques Boudet, Anaïs Demoustier, Robinson Stévenin, Yann Tregouët, Geneviève Mnich, Fred Ulysse. 107 min. Jóvenes.

Tres hermanos se reúnen en Marsella ante la enfermedad de su padre. Angele está marcada por el dolor y la rabia de una hija muerta en accidente cuando era pequeña. Ahora vaga con un vacío afectivo que le pesa como una losa. Joseph se agarra a una relación imposible con una chica “moderna” que no comparte ya su mundo ni sus ideales, y que está a punto de abandonarle. Otro vacío afectivo. Por último, Armand se da cuenta de que la filosofía que rige su restaurante desde tiempos de su padre –ofrecer un buen lugar de comidas para trabajadores de ingresos modestos–, ya no es sostenible en un mundo de turistas y comida rápida. Tres personajes perdidos y desorientados que recuperan el gusto por la vida ante la posibilidad de implicarse en una historia de acogida y solidaridad que les puede situar incluso fuera de la ley. Este planteamiento tiene mucho que ver con el último cine de Aki Kaurismaki, más allá de sus irreductibles diferencias estéticas.

La puesta en escena y el tono del film es costumbrista, pausado, detallista…, con ese estilo de Guédiguian que consiste en ir empapando poco a poco al espectador de una atmósfera que lleva a comprender a los personajes y su mundo, al modo del comisario Maigret de las novelas de Simenon. Hay una subtrama de un suicidio que no debe entenderse en clave proeutanasia, sino como la metáfora de un mundo que ya ha quedado definitivamente sepultado. Una película adulta, inteligente, pausada, para un público necesitado de entender el mundo que vivimos. Juan Orellana.


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