Los perros duros no bailan

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Autor: Arturo Pérez-Reverte

Alfaguara.
Barcelona (2013).
168 págs.
16,90 € (papel) / 8,99 € (digital). 

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La más reciente novela de Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951) cuenta la historia de Negro, un perro que, gracias a su fiereza y fortaleza, ha conseguido sobrevivir a las peleas de perros que organizan los humanos. Ya retirado –ahora se encarga de vigilar una nave–, mantiene un mítico prestigio sobre el que se sustenta el desarrollo de la novela.

Las peleas, violentas y encarnizadas, le han pasado, sin embargo, factura física y mental. Tiene numerosas cicatrices, y en algunas ocasiones estuvo a punto de ir a parar a la Orilla Oscura, imagen con la que se designa en la novela la muerte de los perros. Negro se ha convertido en un perro abrumado por la dura experiencia de la vida, cansado, un tanto estoico, que desconfía de las personas y también de muchos perros, pero que tienen un agudo y comprometido sentimiento del compañerismo y la amistad.

Casi todos los días acude al Abrevadero de Margot, lugar de reunión de los perros de los contornos. Allí se entera de las noticias, amoríos, rumores. Y allí hablan de la sospechosa desaparición de dos perros amigos suyos. Negro descubre que han sido secuestrados por una banda de humanos que organizan clandestinas peleas de perros como las que él libró en el pasado. Desde ese momento, hará todo lo posible por salvar a sus amigos. 

Pérez-Reverte utiliza el mundo de los perros como una parábola para reflexionar sobre el de los humanos, que no salen muy favorecidos en la novela. Los rasgos de carácter de Negro y su despechada actitud ante la vida son los habituales de otros personajes de la narrativa de Pérez-Reverte: Falcó, Alatriste, etc. Son personajes íntegros, coherentes, descreídos, con una sólida y personal escala de valores que rechazan la hipocresía, la mentira, los idealismos y un estilo de vida políticamente correcto. Con humor y mucho cinismo, Pérez-Reverte describe el mundo de los perros con características muy humanas. Y todo ello con buen ritmo narrativo, con su previsible intriga marca de la casa y una resolución acorde con el personal y arrogante sentido de la épica y del heroísmo de Pérez-Reverte.


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