Las redenciones

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Autor: Carmelo Guillén Acosta

Renacimiento.
Sevilla (2017).
94 págs.
14,90 €.

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Los versos de este libro se han escrito entre los años 2009 y 2017, pero se trata de un texto unitario, fruto de una elaboración pausada. Me parece que la poesía de Carmelo Guillén se podría calificar de vitalista, pues suele mostrar la alegría, el asombro, la gratitud por el don de la existencia; y la cordialidad y la solidaridad con los demás. En Las redenciones ofrece la experiencia de la fe, del encuentro con Dios en la vida cotidiana: “mi único dominio, al que me doy lleno, / este lugar exacto de redención y gracia”, dice en uno de los primeros poemas. El libro es denso, fruto de mucha reflexión y meditación, para leer y releer con pausa, si se quiere captar la hondura y la belleza que trasmite, porque, al fin y al cabo, la poesía y la oración han estado casi siempre bastante hermanadas.

El poemario se estructura en cuatro partes: “Las heredades”, “Los frutos del dolor”, “Libro del tiempo” y “Las redenciones”, más un último poema, “Donde no supe”, a modo de colofón. La reflexión teológica se combina con la experiencia del autor, la consideración más abstracta y doctrinal se entrevera con circunstancias, personas y lugares concretos. La paradoja de la cruz de Cristo (“no entiendo ya este mundo / sin esos dulces clavos que me afligen”) está magníficamente expresada en la segunda parte del libro, sobre todo. Es la pugna constante entre el bien y el mal, el misterio de la libertad, la redención y la gracia, que transita por todo el libro, con matices muy variados: “La realidad más bella se contiene en la gota / de sangre que en mi cuerpo regenera sus faltas”.

En la tercera parte, fluyen los recuerdos, de acontecimientos, personas, lugares, de seres y enseres queridos, que se hacen presentes (la madre, por ejemplo), en una intimidad perenne. Por esto, el tono general del libro es de dicha y gratitud, pero no de nostalgia. En esta parte del poemario se acentúa lo cordial, lo humano: “Lo más hermoso lo palpo en lo ordinario, / en la gente que cerco de cariño sin límites”. También el contacto con la naturaleza es fuente alumbradora de dichas, de sosiego y de gracia, pero con la presencia casi siempre de alguien, de los otros, por lo que cabe afirmar que se trata de paisajes con figuras, porque “la vida es un reclamo para amar”.

Ese canto se expresa en poemas que tienen un ritmo pausado, que transmite serenidad, con abundancia de versos alejandrinos, el uso del encabalgamiento, tan característico de la poesía de Carmelo Guillén, y con imágenes de original belleza.


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