La taquilla del cine aún resiste al “streaming”

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A quienes se apresuraron a redactar años atrás el acta de defunción de las salas de cine, un nuevo informe de la Motion Picture Association of America (MPAA) los deja con el sello en alto: en 2017 los espectadores se gastaron en ellas bastante más que en el año precedente.

Según la organización, que agrupa a los estudios más influyentes de la industria cinematográfica –Walt Disney, Sony, Paramount, 20th Century Fox, Universal y Warner Bros.–, el pasado año la taquilla global recaudó 40.600 millones de dólares, un 5% más que en 2016, en buena medida porque… los chinos están yendo más al cine. De hecho, los del gigante asiático se gastaron 7.900 millones en entradas.

Junto con ellos, aunque a mayor y comprensible distancia, se ubicaron los japoneses (2.000 millones de dólares), los británicos, indios y surcoreanos (1.600 millones por cada país), los franceses (1.500 millones), y así, en orden descendente.

España se mantiene lejos de estas cifras, con 700 millones, pero está incluida en el top 20 de los de que más pasan por la taquilla. Ubicados en el puesto 13, los españoles se gastan más que los italianos, los taiwaneses y los holandeses.

Los españoles gastaron 700 millones de dólares en 2017 en entradas de cine

Puestos arriba o abajo, la cuestión es que el entusiasmo por el cine sigue siendo el sostén de la existencia de las salas, que se han incrementado en número. En 2017 había en todo el globo más de 170.000 pantallas –un 8% más que en el año anterior–, y ello gracias, en buena medida al crecimiento en la región de Asia-Pacífico. Al cierre del año, el 98% de las pantallas eran en formato digital.

Descenso en Norteamérica

Lo interesante es que precisamente allí donde se produce buena parte de los filmes, en EE.UU., ha caído la asistencia a las salas. En el conjunto que forman ese país y Canadá se registra un decrecimiento de los ingresos: de 11.400 millones de dólares en 2016 a 11.100 millones en 2017. En venta de entradas, ello se traduce en un retroceso desde las más de 12.000 millones vendidas en el primer año a las 11.400 millones del segundo.

El fenómeno, sin embargo, no preocupa demasiado a la industria. Al contrario, lo consideran un signo de consolidación, toda vez que los números igualan a los de 2015. Según los expertos del sector, hay unos 263 millones de estadounidenses que van al cine, como mínimo, una vez al año.

“Como la taquilla global continúa creciendo y las películas atraen a un público cada vez más joven y a una audiencia más diversa, avistamos un futuro brillante para el entretenimiento en salas”, señala el presidente de la Asociación Nacional de Propietarios de Salas Cinematográficas, John Fithian. “Estamos innovando sin descanso, invirtiendo en infraestructura cinematográfica de primera categoría y en tecnología de avanzada, para darles a las audiencias la mejor experiencia”.

En este punto, el Wall Street Journal ve el vaso medio vacío: 2017 es, según dice, un año malo comparado con 1995. ¿Por qué, si los ingresos fueron de 5.260 millones de dólares en ese entonces, y en 2017 más que se duplicaron? Por un matiz: el de la inflación, en aquel momento disparada respecto al precio de las entradas (poco más de 4 dólares), y hoy, cuando cuestan casi 9 dólares, bastante más ajustada. Si tanto en aquel año como en 2017 se vendieron 1.200 millones de entradas y ahora se recaudó más, sería exclusivamente por concepto de inflación.

En el conjunto de EE.UU. y Canadá se registró un leve decrecimiento de los ingresos en taquilla

Otros datos de interés en EE.UU. incluyen la composición de la audiencia según sexo, que está equilibrada. Las cifras de la MPAA muestran no obstante que, en dependencia de su sexo, el público muestra predilección por unas temáticas u otras. Así, ellos acudieron más a ver filmes como Star Wars: Los últimos Jedi (60%), Guardianes de la Galaxia: Vol. 2 (56%) y Spider-Man: Homecoming (59%), mientras que ellas fueron mayoría entre quienes pagaron la entrada para ver La Bella y la Bestia (64%) y Wonder Woman (52%).

En cuanto a edad, sobresalieron los jóvenes de 12 a 17 años, que visitaron los cines unas 4,9 veces al año en promedio, más que cualquier otro grupo etario. Entretanto, desde una perspectiva étnica, cabe destacar que en números totales los estadounidenses blancos salieron de casa a ver películas más que ningún otro grupo. Entre asiduos al cine (los que van al menos una vez al mes) hay un 54% de ellos. Pero sobresale el hecho de que, siendo los latinos apenas el 18% de la población total del país, tengan el 24% de los cinéfilos frecuentes. Los hispanos van al cine, en promedio, unas 4,5 veces al año; los asiáticos, 4,3; los afroamericanos, 3,4, y los blancos, 3,2.

Menos DVD, más suscripción “online”

Ahora bien, el futuro de la industria, según se advierte, no se cocina únicamente con los números de la taquilla. Estos tienen que complementarse con otras fuentes, y ahí es donde han entrado, tanto el alquiler o la compra de películas en soporte físico, como el acceso al servicio online.

El VOD y las suscripciones a plataformas “online” han ido al alza sostenida desde 2013

En 2017, a nivel global, el gasto por consumidor en productos fílmicos en casa se incrementó un 11%, lo que en dinero contante y sonante se traduce en 47.800 millones de dólares. Solo en EE.UU. el incremento fue de un 5% respecto al año anterior, lo que implica que los norteamericanos se gastaron 20.500 millones en llevarse a casa las obras de la pantalla grande.

Y aquí se hace necesaria una segmentación. Si bien el gasto de los consumidores en comprar o alquilar DVD se ha ido reduciendo desde 2013 –de 29.700 millones de dólares en aquel año, cayó a 15.600 millones en 2017–, otras variantes están viviendo un auge. El VOD (Video On Demand) y las suscripciones a plataformas online han ido al alza, con 12.300 millones de dólares destinados a ellas en 2013 y casi tres veces ese monto el pasado año.

Han crecido, sí, pero igual lo ha hecho el visionado en las salas. Recordemos: más de 40.000 millones de dólares en taquilla. Al parecer, todavía falta para despedir a los vendedores y echar la llave.


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