El Observatorio

La historia de Cataluña y la del sueño de Cataluña

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El historiador Jordi Canal (Olot, 1964) acaba de publicar Historia mínima de Cataluña (editorial Turner, en catalán y castellano). En apenas 300 páginas, este doctor en historia y profesor de la École des Hautes Études en Sciences Sociales de París trata de presentar una historia de Cataluña al margen de posicionamientos políticos. En una entrevista publicada por La Vanguardia, Canal sostiene que, si bien nadie puede llegar a ser objetivo, “los historiadores tenemos el deber de aproximarnos tanto como sea posible”.

En el caso concreto de Cataluña, este historiador señala cómo resulta complicado distinguir entre la historia de Cataluña y la historia “del sueño de Cataluña”. En efecto, un riesgo frecuente es el de elaborar una historia del pasado desde parámetros actuales. “Todas las historias nacionales construyen una historia mítica de su país, que justifica de dónde vienen y sobre todo hacia dónde pretenden ir”.

En este sentido, el historiador señala que los conceptos de “nación” o “Estado”, tal y como los entendemos hoy día, son muy recientes. “Desde el punto de vista histórico no hay naciones hasta la época contemporánea. España, como Francia e Italia, se constituye como nación en el XIX”. Lo mismo sucede con el fenómeno político del nacionalismo: “a finales del siglo XIX y principios del XX surgirán nacionalismos dentro de España reclamándose como naciones y en el siglo XX se dedican a construirse como naciones. Es cierto que la palabra nación existe desde antes, pero no significa lo mismo”. “Lo mismo sucede con el Estado. Se dice que antes del 1714 ya existía, que desapareció por las armas y que ahora se intenta recuperar. Pero entonces no había un Estado como ahora se entiende, sino una entidad que junto con otras formaba parte de una monarquía”.

Por este motivo, al referirse a Historia mínima de Cataluña, Canal dice que ha intentado “escribir sin mitos ni perjuicios, sin utilizar términos del presente aplicados al pasado como nación, Estado, confederación catalano-aragonesa… que son invenciones contemporáneas. Es una historia que no pretende ser ni nacional ni nacionalista, no pretende nada en lo político”.

El gran momento de la cultura catalana

En lo que respecta al periodo franquista, Historia mínima de Cataluña adopta una mirada crítica que se separa del discurso convencional. “Interpretar el franquismo es complejo y eso no significa que rebajar o matizar los calificativos minimice su dureza política”, dice Canal. “Hubo un primer franquismo muy represivo, admirador de regímenes fascistas, pero cuando a partir de 1945 alemanes e italianos pierden la guerra, el régimen necesita recolocarse y busca apoyo en Estados Unidos, a los que ofrece las bases, y al Vaticano. A unos les ofrece ser el baluarte del anticomunismo en el sur de Europa y a los otros el baluarte católico, y ambos compran. Y permiten que el franquismo continúe. Y hay otro corte, en los años 60, porque para entonces la sociedad española y catalana son muy diferentes. Ya no se pasa hambre, la gente piensa en comprarse un coche y electrodomésticos… Desde un punto de vista social y económico las cosas han cambiado”.

Desde el punto de vista cultural, el autor sostiene que “el gran momento de la cultura catalana del siglo XX son los años 50 y especialmente los 60. Es una gran paradoja, sobre todo si nos creemos que hubo un gran genocidio cultural”. Canal explica cómo, a pesar de la represión contra la lengua, publicaron en catalán literatos como Josep Pla, Joan Sales o Mercè Rodoreda. “Y dejo al margen a Espriu, Foix, al último Carner… se vivió un momento que nunca más se ha alcanzado en Catalunya”.

Una historia al servicio de la política

El autor destaca la labor de historiadores como Jaume Vicens Vives, así como de los historiadores catalanes de la transición y de los años 80. No obstante, a tenor de Canal, “en los 90 y a principios de siglo la historiografía catalana ha dado un paso atrás, ha recuperado viejos tics, se vuelve a una historia comprometida con el país”. “La historia ha vuelto a ser nacionalista, se ha puesto al servicio de lo que hemos llamado ‘el procés’”.

Ciertamente, en los tiempos actuales resulta más difícil acercarse a la historia sin prejuicios. “Vivimos momentos especialmente complicados que contaminan el propio discurso del historiador. Pero esta es o debería ser nuestra labor, poner orden y escribir un relato lo más ajustado posible a lo que fue”, defiende Jordi Canal. “Nunca haremos un relato fidedigno porque es imposible, pero hay que hacer ese esfuerzo y sobre todo evitar ponerse al servicio de la causa nacionalista o de otras causas (…). Poner la historia al servicio de algo no deja de ser una prostitución de la profesión que acaba siendo la gran perjudicada. ¿Cuántos de estos libros de historia puestos al servicio de… han aguantado el paso del tiempo? Muy pocos son los libros que veinte años después resisten. Hay que volver a dignificar la profesión”.


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