La década decisiva

The Defining Decade. Why Your Twenties Matter and How to Make the Most of Them Now

Página 1

Autor: Meg Jay

Asertos.
Madrid (2016).
270 págs.
17,90 €.
Traduccion: Almudena Ligero Riaño.

“Las decisiones más importantes en la vida de una persona se toman entre los veinte y los treinta años”. Esta es la premisa sobre la que se basa el libro en el que Meg Jay, doctora en psicología clínica en Charlottesville (Virginia), comparte su experiencia de diez años con cientos de pacientes y alumnos veinteañeros.

Jay tiene la certeza de que mientras la sociedad, por un lado, mira al veinteañero con cierta displicencia, dando a entender que vive una adolescencia prorrogada, por otra parte lo idealiza convirtiéndolo en el centro de las modas y de la cultura. Algo que en muchos casos es la consecuencia del enfoque consumista con el que la industria lo analiza. No es casualidad que el término millennial lo acuñara en 1993 la revista americana Advertising Age, una publicación especializada en marketing y comunicación.

Quienes viven inmersos en la década mencionada tienen la sensación de que el tiempo no existe para ellos, razón por la que muchos posponen las decisiones que pueden marcar sus vidas olvidando que el hecho de no tomarlas es también una decisión. ¿Sobre qué temas no toman decisiones? Aunque toca algunas cuestiones relacionadas con redes sociales y el desarrollo de la personalidad del veinteañero, la autora profundiza principalmente en dos: el trabajo y el amor.

En el primer caso aconseja a los jóvenes no retrasar la entrada en el mundo laboral y les anima a esforzarse en gestionar la crisis de identidad propia de la edad con el crecimiento de su capital identitario: aspectos curriculares pero también personales. “Los veinteañeros que dedican un tiempo a experimentar y que además tienen el valor de comprometerse, acaba forjándose una identidad mucho más poderosa”, señala.

En lo relativo al amor, la autora recuerda que el dinero y el tiempo que un joven invierte en Estados Unidos para ir a la universidad distan mucho de los recursos que dedica a encontrar a la persona con la que compartirá su vida, cuando esta decisión tendrá más incidencia en su grado de felicidad. Aunque es consciente de que aplicar el término planificar a las relaciones sentimentales no está bien visto, la autora defiende que hay cuestiones que un veinteañero si puede tener en cuenta pensando en una relación a largo plazo.

Se trata de un libro que puede ayudar mucho al público al que se dirige y que invita a los veinteañeros a reivindicar su edad, su estatus como adultos y su futuro. 


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