Juan Pablo II: Hay que aprender a ver la televisión

Aveces, lo mejor es apagarla, porque hay cosas más interesantes que hacer

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La televisión no se puede convertir en la "niñera electrónica", afirma Juan Pablo II en el mensaje para la Jornada de las Comunicaciones Sociales, que se celebra el 15 de mayo, y que está dedicada al tema "Televisión y familia: criterios para saber mirar". El Papa aprovecha el Año Internacional de la Familia para subrayar la responsabilidad de los padres en el uso de la televisión en el hogar.

El documento reconoce los valores positivos de la televisión, que puede enriquecer la vida familiar, e incluso acrecentar la cultura religiosa. A la vez, llama la atención sobre la difusión de valores y modelos de comportamiento perjudiciales. "Incluso cuando los programas no son moralmente criticables, la televisión puede tener efectos negativos en la familia. Puede contribuir al aislamiento de sus miembros en sus propios mundos, impidiendo las auténticas relaciones interpersonales".

Dios ha confiado a los padres el grave deber de ayudar a los hijos a "buscar la verdad y vivir en conformidad con ella, a buscar el bien y a promoverlo", dice el Papa, y han de cumplirlo también por lo que respecta al uso de la televisión. "Además de ser espectadores capaces de discernir por sí mismos", los padres deberán contribuir activamente a orientar a los hijos en el modo de ver la televisión.

Entre las sugerencias concretas, señala que "los padres deberían informar anticipadamente a los propios hijos acerca del contenido de los programas y hacer una selección concienzuda". Pueden ser útiles, con ese fin, los juicios facilitados por diversos organismos. Los padres deberían también conversar con los hijos sobre la televisión, poniéndoles en condiciones de dosificar la cantidad y la calidad de los programas, y de juzgar los valores éticos que están en la base.

"Formar los hábitos de los hijos, a veces, puede querer decir, simplemente, apagar el televisor porque hay algo mejor que hacer, porque lo pide la consideración hacia otros miembros de la familia, o porque la visión indiscriminada de la televisión puede ser perjudicial".

"Los padres que hacen uso regular, prolongado, de la televisión, como una especie de niñera electrónica, abdican de su papel de primeros educadores de los propios hijos. Tal dependencia puede privar a los miembros de la familia de las posibilidades de interacción mutua que ofrecen la conversación, las actividades y la oración comunes. Los padres con sabiduría son también conscientes de que los buenos programas han de complementarse con otras fuentes de información, entretenimiento, educación, cultura".

El Papa destaca el interés de iniciativas destinadas a garantizar que la industria televisiva tutele los derechos de las familias, que son sus principales clientes. "A veces resultará útil unirse a otros formando asociaciones que representen sus intereses ante los medios de comunicación, los patrocinadores, anunciantes y autoridades públicas". Por lo que se refiere a los profesionales, el Pontífice invita al sentido de responsabilidad, a la "sincera solicitud hacia el bien de la sociedad" y al respeto a la verdad.

Los canales de televisión, tanto de titularidad pública como privada, representan un medio al servicio del bien común, "no son una mera garantía privada de intereses comerciales, o un instrumento de poder o de propaganda para determinados grupos sociales, políticos o económicos; su razón de ser es el servicio al bienestar de la sociedad en su totalidad".


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