Harry Potter y la piedra filosofal

Harry Potter and the Philosopher’s Stone

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Emecé. Barcelona (1999). 254 págs. 1.500 ptas. Traducción: Alicia Dellepiane.

Las dos primeras entregas de las aventuras de Harry Potter se han convertido en el mayor éxito de la literatura infantil de los últimos años, con ventas millonarias. En el mercado anglosajón acaba de salir el tercer volumen de los siete que su autora ha prometido, pero en castellano sólo están disponibles los dos primeros (Harry Potter y la piedra filosofal y Harry Potter y la cámara secreta). En Estados Unidos, los dos primeros libros de la serie ocuparon simultáneamente los primeros puestos de ventas en las listas de adultos.

En Harry Potter y la piedra filosofal, como si de una poción mágica se tratase, Rowling ha escogido cuidadosamente muchos ingredientes, ha seleccionado la cantidad justa, y los ha ido añadiendo en el orden exacto. Veamos: Petunia y Vernon Dursley son un matrimonio tan impresentable como los padres de Matilda, de Roald Dahl; la vida de Harry Potter con sus tíos y su odioso primo se parece a la de la Cenicienta, y el vuelco que se produce en su situación no es menos espectacular; Harry va a Hogwarts, una escuela de magos no tan seria pero parecida a la de Un mago de Terramar, de Ursula K. Le Guin, y que podría ser un castillo digno de las mejores novelas góticas; allí recibe clases sobre todo lo que debe saber un mago que se precie (multitud de libros, por ejemplo, Manual de la bruja, de Malcolm Bird); no faltan ni un misterioso y poderosísimo enemigo acechante, ni un viejo y sabio mago.

Pero Rowling (Bristol, 1965) maneja todas estas fuentes con soltura, como quien está empapada de todas las posibles referencias, y consigue un relato consistente en el que prima la rapidez y que se lee de un tirón. Los personajes tienen gancho, los episodios están bien trabados, hay todo un plan de estudios y una extensa bibliografía para cualquiera que desee estudiar magia, y las visuales descripciones harán que muchos lectores se duerman soñando con alucinantes partidos de quidditch, una especie de fútbol en el aire que Harry juega pilotando una escoba último modelo.

Todavía es pronto para saber si Joanne Rowling es autora de un solo personaje, como la creadora de otra bruja distinta, Pamela Travers (Mary Poppins), o alcanza la solidez de un Dahl... Por el momento, tiene difícil mantener el nivel de su primera entrega: en los relatos de fantasía es demasiado fácil salir del paso con un par de sortilegios (y en esta novela ya ocurre alguna vez...). En cualquier caso, los editores saben bien que las ventas no se verán afectadas: en esta clase de historias no se leen libros sino personajes, y aunque estos primeros Harry Potter merecen ser conocidos, conviene prepararse para la avalancha.

Luis Daniel González

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