El Observatorio

En Europa se vive más (y más en el oeste)

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Los europeos viven en promedio 2,5 años más que los estadounidenses y casi 5 más que los chinos, pero en la propia Europa hay diferencias muy notables en la esperanza de vida, según el sitio en que se reside. Así, si de un madrileño se espera que viva 85 años, a un habitante de la región búlgara de Severozapaden se le calcula que llegue a los 73, un desfase de 12 años.

Un artículo de The Economist pone el foco en esa brecha que separa al oeste y al este de Europa, a casi tres décadas de la caída del muro de Berlín. Lo interesante es que, si en la década del 60 los letones y lituanos cumplían tantos años como los chipriotas o los franceses, la esperanza de vida de los dos primeros comenzó a caer en cuanto sus países comenzaron el tránsito al capitalismo.

Los malos hábitos y los ambientes poco saludables contribuyen a enfermedades crónicas como el cáncer, la diabetes y las cardiopatías. Zoltan Massay-Kosubek, analista de la ONG European Public Health Alliance (EPHA), señala que Europa del este concentra una mayor población de fumadores y bebedores compulsivos, y que ello es la principal explicación de la brecha. Húngaros, polacos, eslovacos y croatas son los que ostentan los peores índices en este sentido.

Según la publicación, aunque se tiende a pensar que el dinero está en el fondo del asunto, los hechos no lo respaldan, pues en algunas regiones de Portugal, España e Italia el ingreso per cápita es similar al de algunas zonas de Europa oriental y, sin embargo, aquellas exhiben una mayor esperanza de vida.

Para Massay-Kosubek, la explicación puede estar en que los sistemas de salud de los países excomunistas “no son comparables con los de Europa occidental”. Según dice, “las desigualdades en salud son injustas, porque pueden prevenirse”, pero las políticas de prevención no parecen estarse aplicando correctamente en el este, incluso pese a que pueden ahorrar dinero a largo plazo.

Por último, estaría el factor tecnológico, pues mientras en el oeste ganan terreno los coches menos contaminantes, aquellos que producen más emisiones terminan siendo comercializados en el antiguo bloque socialista.


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