El simbolismo de las cuatro fachadas

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Fachada del Nacimiento

Al término de la ceremonia de dedicación del templo, Benedicto XVI rezará el Ángelus frente a la fachada del Nacimiento, precisamente la única que Gaudí prefirió acabar por completo dotándola de un amplio conjunto escultórico con representaciones animales y vegetales. Esta fachada está orientada al Este, que es por donde sale el sol cada día, de modo que expresa simbólicamente el nacimiento de la vida y muestra el nacimiento, la infancia y la adolescencia de Jesús. Desde ella se accede al templo a partir de un portal principal central y dos portales laterales, dedicados a las tres virtudes teologales: la esperanza, la caridad y la fe, nombres que reciben cada una de las tres puertas. Por encima se alzan cuatro campanarios, dedicados a los apóstoles san Bernabé, san Judas, san Simón y san Matías, ordenados de izquierda a derecha.

La fachada está orientada al Oeste y, por lo tanto, recibe los últimos rayos del sol, hasta que oscurece. Esta disposición acentúa el efecto simbólico de oscuridad y penumbras que perseguía el arquitecto. Igual que las otras fachadas, incluye tres accesos, también dedicados a la caridad, la esperanza y la fe, y cuatro campanarios, dedicados a los apóstoles Santiago el Menor, san Bartolomé, santo Tomás y san Felipe, ordenados de izquierda a derecha.

Fachada del ábside

El ábside está consagrado a la Virgen María, por la que Gaudí sentía una devoción especial. Está construido sobre la cripta y sigue su forma de media circunferencia. Entre sus muros hay siete capillas absidales que tienen unos esbeltos ventanales con arcos apuntados que recuerdan los de estilo gótico y que Gaudí perfeccionó.

En el exterior se dispondrán varias esculturas, dedicadas a los fundadores de órdenes religiosas, como san Antonio Abad, san Benito, santa Escolástica, san Bruno, san Francisco, san Elías y santa Clara, ésta ya en su lugar. Encima de los ventanales hay varias gárgolas por las que se escurre el agua de la lluvia que cae sobre las capillas.

Los frontones del ábside, estilizados y alargados, terminan en pináculos con los anagramas de la Virgen María, de san José y de Cristo, éste acompañado de las letras alfa y omega, que recuerdan el principio y el final de la vida. En la parte superior, se encuentran representados varios elementos naturales, como la hoja de palma, e incluso espigas de trigo o hierbas silvestres que evocan las que crecían en el solar en que se levanta el templo. Las linternas de las capillas serán piramidales y culminarán con una figuración simbólica de las invocaciones al Mesías, que constituyen las antífonas de la última semana de Adviento. A ambos lados del ábside se encuentran las escaleras laterales, con unos cuerpos que tienen una estructura idéntica a los de las capillas.

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