El Observatorio

El relativismo ahoga el diálogo

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En un discurso pronunciado el pasado 17 de septiembre en Filadelfia, la secretaria de Educación de EE.UU., Betsy DeVos, hizo una defensa de la verdad frente al relativismo.

DeVos se refiere a la situación creada en las universidades, donde una generación de estudiantes hipersensibles toman la discrepancia como una ofensa personal, y se limita la libertad de expresión con el pretexto de combatir el discurso del odio. Su diagnóstico es que “hemos renunciado a la verdad”.

“Aprender no es sino buscar la verdad”, y sin embargo, “a los estudiantes se dice a menudo que no existe tal cosa”.

DeVos menciona a una profesora que va a clase vistiendo una camiseta con la leyenda: “Encuentra tu verdad”. “Esa idea –comenta la secretaria de Educación– ha arraigado en nuestra cultura relativista. Seguramente todos hemos oído algo como esto: ‘Tú tienes tu verdad, y yo tengo la mía’. Quienes adoptan esa tesis se aíslan de otras personas, otras experiencias y otras ideas. La conversación seria muere. La perniciosa filosofía relativista enseña que no hay verdad objetiva. Nada es objetivamente bueno o malo. La ‘verdad’ no es más que puntos de vista personales, circunstancias cambiantes y deseos particulares. Y esas perspectivas, esas experiencias, esos deseos solo pueden ser entendidos por quienes los viven”.

“Nuestra cultura egocéntrica niega la verdad porque reconocerla supondría que algunos sentimientos o algunas ideas pueden ser erróneas. Pero nadie quiere estar en el error. Es mucho más fácil sentirse cómodo diciendo que no hay verdad, no hay nada que pueda cuestionar lo que queremos creer”.

Contemplar y escuchar

DeVos hace algunas sugerencias para restaurar el diálogo en busca de la verdad. Primero, cada uno ha de empezar por sí mismo. “En este mundo acelerado y ruidoso, es saludable cultivar la vida interior: estar en silencio, orar, reflexionar, reconsiderar las cosas, contemplar”.

En segundo lugar, “escuchar –¡pero de verdad!– y entablar conversación con aquellos con quienes no estamos de acuerdo”. Pues “es fácil ser desagradable escondiéndose detrás de pantallas y nombres de usuarios en Twitter; no es tan fácil cuando hablamos cara a cara”.

“Además, haremos bien en entender como es debido la responsabilidad que acompaña a la libertad. Sí, la libertad de expresión es tanto un derecho como una responsabilidad. San Juan Pablo II lo dijo acertadamente: ‘La libertad consiste no en hacer lo que nos gusta, sino en tener derecho a hacer lo que debemos’”.

DeVos propone, en fin, una “regla de oro de la libertad de expresión: esforzarse por entender como uno querría ser entendido”. Eso significa, explica, “estar dispuesto a aprender de cualquier idea, aunque uno discrepe de ellas o no las comparta; y tener la humildad de escuchar admitiendo la posibilidad de que uno mismo esté equivocado”.


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