El Papa pide más hospitalidad en Paraguay

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Asunción.— La lluvia, esa que amenazó desde dos semanas antes de la llegada del Papa Francisco a Paraguay, fue la protagonista de la homilía de la Misa de clausura de su primer viaje a Hispanoamérica. Pero no porque mojara a los presentes, sino porque fue la imagen que el pontífice utilizó para comenzar a desgranar la idea central de su última homilía, la de la Misa que celebró el domingo en el parque de Ñu Guazú ante cerca de un millón de personas. Su mensaje tuvo su eje en la entrega generosa, la hospitalidad.

A lo largo de toda la noche hubo adoración eucarística guiada desde el escenario

“La Iglesia, como la quería Jesús, es la casa de la hospitalidad. Y cuánto bien podemos hacer si nos animamos a aprender el lenguaje de la hospitalidad, del acoger. Cuántas heridas, cuánta desesperanza se puede curar en un hogar donde uno se pueda sentir recibido. Para eso hay que tener las puertas abiertas sobre todo las puertas del corazón”, dijo Francisco.

La gran mayoría de los presentes eran paraguayos que no se querían perder la oportunidad y, por eso, cerca del mediodía del día anterior comenzaron a llegar a la zona donde sería la Misa el domingo 12 de julio. No importaron las amenazas de lluvia o frío, tampoco las fotos o videos que llegaban desde el campo militar donde se realizaría la ceremonia, convertido en un barrizal a causa de las lluvias de días anteriores.

Acogida

Después de haber pasado una noche en vela, los presentes escucharon el pedido de que acogieran a los sedientos y hambrientos, presos y enfermos. Pero también a los perseguidos, desempleados, de otras culturas. Un mensaje muy apropiado para un país con divisiones políticas de calado histórico, guerrilla y diferencias sociales notorias.

Pese a que el cansancio se le notaba en su menor expresividad que en ocasiones similares, Francisco no dejó de ser exigente. “Jesús llama a sus discípulos y los envía dándoles reglas claras, precisas. Los desafía con una serie de actitudes, comportamientos que deben tener. Y no son pocas las veces que nos pueden parecer exageradas o absurdas; actitudes que sería más fácil leerlas simbólicamente o ‘espiritualmente’. Pero Jesús es bien claro. No les dice: Hagan como que o hagan lo que puedan”.

Hay algo que es cierto, no podemos obligar a nadie a recibirnos, a hospedarnos; es cierto y es parte de nuestra pobreza y de nuestra libertad. Pero también es cierto que nadie puede obligarnos a no ser acogedores, hospederos de la vida de nuestro Pueblo”, comentó el Papa, que no salió del guión que tenía preparado.

“Alojar como la tierra que no domina la semilla, sino que la recibe, la nutre y la germina”, indicó el pontífice. Y para terminar, retomó la idea de la lluvia: “Así queremos ser los cristianos, así queremos vivir la fe en este suelo paraguayo, como María, alojando la vida de Dios en nuestros hermanos con la confianza, con la certeza que: ‘El Señor nos dará la lluvia y nuestra tierra dará su fruto’. Que así sea”.

Embarrados

El fruto de la tierra, precisamente, sirvió para preparar el retablo de la ceremonia, que fue confeccionado según el estilo barroco propio de las misiones de los jesuitas en el país (siglos XVII y XVIII, hasta la expulsión de los jesuitas en 1767).

Koki Ruiz fue el artista que coordinó la confección de la obra, de 17 metros de alto y 40 de base, para la que se usaron cerca de 25.000 choclos, mil calabazas y 200.000 cocos. Estos últimos fueron puestos en exposición algunas semanas antes del evento, y así los fieles escribieron sobre sus cáscaras sus intenciones y saludos para el santo padre.

Para los peregrinos, en cambio, la tierra sobre todo estuvo en sus pies, pues el predio militar se convirtió en un barrizal que se tragaba las piernas y enterraba zapatos. Pocos paraguayos tienen botas de lluvia y los extranjeros que viajaron para la ocasión, menos. Así, los fieles idearon todo tipo de impermeabilizaciones tales como bolsas alrededor de los pies. Pero al final nada libraba del lodo y los más prácticos optaron por descalzarse.

“No podemos obligar a nadie a recibirnos: es cierto y es parte de nuestra pobreza y de nuestra libertad; pero también es cierto que nadie puede obligarnos a no ser acogedores”

Pero no se volvieron a su casa o retiraron a media noche, porque sabían que lo que seguiría valdría la pena. “Vine desde Uruguay porque nunca está de más escuchar al Papa. Y aunque el barro superó todo lo que habíamos imaginado, este es un sacrificio que vale la pena. Demostramos al Papa nuestro apoyo y, además, nos divertimos y conocimos otra gente”, relató Mercedes Fernández, de 17 años.

La joven participó en las Jornadas Mundiales de la Juventud de Madrid en 2011 y Río en 2013 y por eso aceptó cuando le ofrecieron acompañar al papa también en Paraguay. Así, ayer era capaz de comparar el “confort” del suelo de cemento de Cuatro Vientos con el de la arena de Copacabana y el barro de Ñu Guazú Un poco más de caos esta vez, pero el ambiente festivo fue el mismo.

“Este es el único lugar del mundo en el que hay tantas personas, varones y mujeres, y no pasa nada”, le decía por la noche un joven de Ciudad del Este a una chica de Asunción que, cuando se dio cuenta, se vio durmiendo junto a dos desconocidos. La chica durmió tranquila.

Noche en vela

El centro de la vigilia, empero, no fue el barro sino la Eucaristía. Esta fue, y así lo destacaron personas que estuvieron presentes en otros eventos similares, la ocasión en que más se acompañó a Jesús. A lo largo de toda la noche hubo adoración eucarística guiada desde el escenario. Momentos de oración personal o en comunidad, rosario o canciones de acción de gracias sirvieron para que los fieles rezaran.

Es que, también a diferencia de otras ceremonias de esta índole, todas las hostias estaban consagradas de antemano y ya distribuidas en copones en las 21 capillas del predio. En cada una de ellas había unos 150 recipientes con 100 hostias cada una. Y un ejército de personas que pasó la noche rezando para asegurarse de que Dios no quedara solo.

Una de esas personas es Maydy Yaqui, guatemalteca que a sus 15 años declaró que estaba cumpliendo la misión más importante de su vida. “Es un privilegio para mí estar aquí Con mi vela estoy preparando la comunión de miles de personas de mañana”, relató por la noche. Extranjera, pero con la misma piedad que los paraguayos, que buscaron de todas las formas ser protagonistas del evento. Los más, 81.000, se inscribieron como servidores o voluntarios. Pero otros mil quisieron estar en el coro (finalmente solo 511 cantaron), integrar alguno de los cuerpos de baile que se presentaron ante el Papa, escribir sus intenciones en los cocos o, de última, vender algo a la salida de los macroeventos.

“Cuántas heridas, cuánta desesperanza se puede curar en un hogar donde uno se pueda sentir recibido”

En Paraguay y para los paraguayos

La agenda de Francisco fue ajustada como de costumbre, y su discurso en Ñu Guazú fue el número 22 de su viaje de siete días que lo llevó primero a Ecuador (6 al 8) y Bolivia (8 al 10). En Paraguay también estuvo tres días –del 10 al 12– y con la misma intensidad. Los locatarios recordarán, además del mensaje central de su visita, su homilía en la Misa que celebró el sábado 11 en Caacupé, santuario que fue elevado a la categoría de Basílica Menor.

Allí tuvo palabras especiales para las mujeres paraguayas, “las más gloriosas de América”, porque “han sabido levantar un país derrotado, hundido, sumergido por una guerra inicua”, en relación a la guerra de la Triple Alianza (1864-1870), después de la cual la proporción de la población era un hombre cada diez mujeres.

“Cuando todo parecía derrumbarse, junto a María se decían: No temamos, el Señor está con nosotras, está con nuestro Pueblo, con nuestras familias, hagamos lo que Él nos diga. Y allí encontraron ayer y encuentran hoy la fuerza para no dejar que esta tierra se desmadre. Dios bendiga ese tesón, Dios bendiga y aliente la fe de ustedes”, indicó el Pontífice.

Circuló el rumor de que el Papa se quedaría algún día más en esta tierra para descansar y reponer sus fuerzas. También se comentó que la agenda se había atrasado por cuestiones médicas. El vocero de la Santa Sede, el padre Federico Lombardi, lo desmintió Y en los hechos, Francisco también. A lo largo de toda su estadía en la tierra guaraní se prodigó con la gente y, por ejemplo, despertó sonrisas cada vez que entonó el rezo del Padre Nuestro en guaraní, la lengua que comparten las 17 etnias indígenas que viven en el país.

Un mojón en la historia del ecumenismo

Al terminar la celebración en Ñu Guazú, saludó al Papa y a los presentes el Exarca de Sudamérica Tarasios, líder de la Iglesia ortodoxa. Además de destacar el cariño y hospitalidad de Francisco, lo saludó como “santidad y hermano mayor”, antes de acotar que con esto se estaba “tomando un atrevimiento”. Los ortodoxos no comparten el primado católico y sostienen que el Papa es un primum inter pares. La denominación de “hermano mayor” implica, efectivamente, un atrevimiento que seguramente tendrá resonancia histórica.

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