El arte al servicio del “empoderamiento”

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En la exposición “Heroínas”, que se divide entre las sedes del Museo Thyssen-Bornemisza y la Fundación Caja Madrid, un discurso ideológico impone al espectador una interpretación que no se deduce de las obras de arte expuestas.

Heroínas es una exposición de arte temática en la que se ha puesto una gran carga ideológica. Los textos que acompañan la website lo muestran claramente: “La historia del arte occidental abunda en imágenes de mujeres seductoras, complacientes, sumisas, vencidas, esclavizadas. Pero el objeto de nuestra exposición son las figuras de mujeres fuertes: activas, independientes, desafiantes, inspiradas, creadoras, dominadoras, triunfantes. O bien, para usar una palabra clave de la agenda feminista en las últimas décadas: esta exposición se interesa por aquellas imágenes que pueden ser fuentes de ‘empoderamiento’ (empowerment) para las propias mujeres” .

Si hay alguien aún que desconozca la ideología de género, aquí tiene un buen ejemplo. Y si estamos ante una exposición que dice mostrar esas actitudes triunfantes, dominadoras, desafiantes ¿cómo encajamos tantas pinturas de mujeres en actitud serena, apacible como “Mujer jubilosa” de Hodler, la mujer “Leyendo” de Richter, la “Ifigenia” de Feuerbach o la escultura “Penélope” de Bourdelle?

El comisario de la exposición es Guillermo Solana. Los textos hacen pensar que en “Heroínas” importa más lo que se quiere transmitir con excusa de lo representado, que la obra de arte en sí misma. Es más, al contrastar las obras de arte con los textos, podemos concluir que la exposición que vemos no es exactamente la que leemos. Vemos diversas obras cuyo tema es el mismo: la mujer y la mujer sola en prácticamente todas las obras y no en actitud desvalida ni tampoco como objeto erótico o como pin-up. Podría el espectador extraer la conclusión de que se trata de un homenaje a la mujer, a toda mujer a lo largo de los últimos tres siglos.

No es mucho atrevimiento deducir que “Heroínas” traiciona al arte, pues su objetivo no es tanto acercar cada obra de arte en su expresividad, composición, o técnica al espectador, sino el mensaje global que se aporta junto con una interpretación espuria. Es decir, han usado el arte al servicio de la idea del “empoderamiento”, no lo han respetado como algo valioso en sí mismo que es capaz de transmitir fuerza, valor, soledad, dominio, martirio, o lo que sea por su propia realidad y características.

Interpretación a la fuerza

“La primera condición de la heroína es la soledad –continúa el texto- y el primer capítulo de la exposición presenta a mujeres solas (…) En su espera y su nostalgia, actitudes aparentemente pasivas, hay un germen de autonomía e incluso de resistencia.” He aquí otra interpretación traída a la fuerza, que se impone al espectador por el autor del texto o el comisario de la exposición, que insisten en salirse de los cánones interpretativos propios del arte para lanzarse sin rubor a esa tergiversación que impone la ideología de género.

Con la excepción de alguna escultura, la mayoría de las pinturas y fotografías son de mujeres en distintas actitudes y conforme a un estilo o época, sea la Juana de Arco o Santa Catalina representada por Caravaggio, o el autorretrato de Charlie Toorop.

Al espectador que va a ver arte no hace falta adoctrinarle con que “muchas veces las magas en la pintura han sido reducidas al papel de la femme fatale, definida con relación al deseo masculino” o con que “en el arte del final del siglo XIX, en artistas tan diversos como Edgar Degas y Franz von Stuck, las guerreras se despojan de la coraza, regresando a la imagen original de las antiguas amazonas y acercándose, al mismo tiempo, a las reivindicaciones feministas que hacen eclosión en esa época”. Si se quiere hacer apología del feminismo de género, ¿por qué no se ha prescindido de la aportación de los artistas varones y se han reunido obras para una exposición enteramente constituida por artistas de sexo femenino como Louise Borgeois, Tamara de Lempicka, Leonora Carrington, Carmen Laffón, Georgia O’Keeffe y otras muchas, ausentes todas ellas de esta exposición?

Si uno se empeña puede mostrar a una campesina robusta como una heroína encadenada a la tierra, o a la cazadora Atalanta como una “amenaza potencial contra los roles de género”, aunque al artista nunca se le pasara tal idea por la cabeza. Pero en tal caso cabe la sospecha de que, en nombre del “empoderamiento” de las mujeres, el intérprete se ha apoderado de unas obras de arte para sus propios fines.

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