El abuso de las leyes de eutanasia: una historia recurrente

Fuente: The Washington Post
publicado
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Siempre que se presenta una nueva ley de eutanasia, o se amplían los casos en que puede ser solicitada, se hace en nombre de los pacientes más vulnerables. Sin embargo, son precisamente estos enfermos los que quedan más expuestos a los abusos de la norma; unos abusos que, en gran medida, se deben a la ambigüedad de su redacción.

A la vista de varios casos recientes, Charles Lane se pregunta en The Washington Postcuántas chapuzas más harán falta para terminar con la eutanasia en enfermos terminales”. El periodista recuerda la historia de una mujer holandesa con demencia a la que se aplicó la muerte asistida en 2016, y que ha provocado que (por primera vez) el organismo regulador del país haya incoado procedimientos legales contra un médico (ver Aceprensa, 2-02-2017).

Según Lane, la ley holandesa facilita este tipo de comportamientos. “Los criterios son completamente subjetivos: que exista ‘sufrimiento insoportable’, o que la demanda haya sido voluntaria y ‘bien considerada’”. El columnista cita una reciente investigación de dos expertos en bioética del Instituto Nacional de Salud, que señalaba cómo “los médicos encuentran difícil aplicar la norma, especialmente en lo que se refiere a juzgar la voluntariedad de la petición y a si existen alternativas razonables a la eutanasia”. Los autores apuntan que, de 2012 a 2016, el organismo regulador ha encontrado 36 casos en los que se ha violado al menos una regla de los procedimientos establecidos, aunque la infracción no haya sido tan grave como para iniciar acciones legales. No obstante, el número de decisiones “grises” es aún mayor: según recogía un informe oficial, solo en 2015 hubo 431 “muertes provocadas sin la petición explícita del paciente” (ver Aceprensa, 17-07-2017).

Ahora, otro caso ha reabierto el debate sobre los límites de la ley de eutanasia holandesa. Una mujer de 29 años ha recibido permiso para ser “asistida en su muerte” después de que se le diagnosticara una “depresión crónica con tendencia a autolesionarse”.

En Bélgica, donde fue sonado el caso de dos gemelos de 45 años a los que se les practicó la eutanasia por el “dolor insuperable” de quedarse ciegos y sordos (ver Aceprensa, 19-03-2013), la ambigüedad de la ley también empieza a preocupar incluso a algunos de sus defensores. Recientemente, un miembro de la comisión estatal que controla la eutanasia ha dimitido después de que el organismo declinara demandar a un médico que se había saltado el procedimiento: ni existió petición expresa de la enferma (también con demencia), ni se consultó a un segundo experto. No es la única voz que da la alarma. Lane cita a un psiquiatra de la Universidad de Lovaina que se muestra convencido de que “en Bélgica ha muerto gente para la que todavía existían tratamientos adecuados, y que podrían haber tenido por delante años o incluso décadas de vida”.

Pese a todos estos reparos, la Asociación Mundial de Psiquiatría ha escabullido la cuestión de la eutanasia en su última reunión en octubre, lamenta Lane. “Por ahora, estos enfermos vulnerables, y los que en Holanda y Bélgica querrían protegerlos, están solos”.

 

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