EE.UU.: un informe oficial encuentra poca utilidad terapéutica en la marihuana

El consumo de cannabis puede aliviar algunos síntomas, pero no existen estudios concluyentes sobre el tema

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En Estados Unidos, algunos grupos difunden la creencia de que la marihuana tiene numerosas virtudes terapéuticas, para combatir desde el glaucoma hasta el alzheimer. Varios Estados han decidido recientemente, por referéndum, legalizar el uso médico del cannabis. Estas iniciativas cuentan con el apoyo de diversas instituciones privadas, como la fundación del millonario George Soros. Para aclarar el asunto, el responsable federal de la política sobre drogas, Barry McCaffrey, encargó el año pasado a la Academia Nacional de Ciencias un estudio sobre el valor terapéutico de la marihuana. El informe, publicado la semana pasada, concluye que esta droga tiene una utilidad médica "moderada" y es improbable que pueda cumplir las condiciones exigidas para ser aprobada como medicamento.

El estudio, de 250 páginas, ha sido elaborado por una comisión de once especialistas, que han trabajado en él durante un año. Los autores han revisado los estudios publicados sobre las virtudes terapéuticas de la marihuana y han escuchado testimonios de investigadores y de pacientes. Tras esto, señalan que las pruebas a favor del cannabis son débiles y escasas: los partidarios se basan casi siempre en ensayos mal diseñados y hechos sobre pocos casos, así como en "anécdotas clínicas" (experiencias aisladas de pacientes).

A la vista de los indicios disponibles, la comisión concluye que la marihuana puede ser moderadamente útil para aliviar síntomas como ansiedad, náuseas provocadas por la quimioterapia, pérdida de apetito en los enfermos de SIDA, espasmos dolorosos en el caso de la esclerosis múltiple, la pérdida de visión por glaucoma o de memoria por alzheimer, o el dolor producido por la migraña. Sin embargo, los expertos advierten que para cada una de esas afecciones existen ya fármacos más eficaces que la marihuana, lo cual vale sobre todo para el glaucoma y las náuseas. Así pues, los indicios existentes a favor de esta droga sólo justifican emplearla, de modo experimental, en pacientes que no respondan a otros tratamientos. Es la misma postura que mantiene la JIFE, el organismo de la ONU para el control de las drogas (ver servicio 35/99).

La comisión pone otros reparos al uso de la marihuana a casua de la vía de administración -los cigarrillos-, por el daño que puede producir en los pulmones. De ahí que recomiende que los ensayos clínicos con marihuana sean de corta duración -menos de seis meses- y limitados a pacientes, como los de cáncer terminal, en quienes los riesgos a largo plazo del fumar sean poco relevantes. En la misma línea, McCaffrey declaró, al dar a conocer el informe, que no se opondría al uso de cigarrillos de marihuana en ensayos clínicos, mientras no se encuentre otra forma de administrarla.

La comisión examina el fundamento científico de la utilidad terapéutica de la marihuana. Esta droga contiene unas treinta sustancias activas, llamadas cannabinoides, que actúan sobre los receptores nerviosos y que pueden ser útiles en Medicina. Por ejemplo, un cannabinoide, el dronabinol, es el principio activo de fármacos aprobados en Estados Unidos como antieméticos para pacientes tratados con quimioterapia y como estimuladores del apetito para enfermos de SIDA. De todas formas, el Dr. John Benson, co-presidente de la comisión, ha declarado a propósito de esto: "Hay amplio consenso entre los científicos sobre las posibilidades terapéuticas de los cannabinoides. En cambio, los datos disponibles sobre su eficacia terapéutica real son mucho menos convincentes" (Washington Post, 18-III-99).


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