EE.UU.: la cuestión del aborto no es irrelevante

Polémica en torno al candidato de Clinton para máxima autoridad sanitaria

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Como algunos otros nombramientos de cargos importantes de la Administración norteamericana, el de Surgeon General, la máxima autoridad sanitaria del país, ha venido rodeado de controversia. En este caso, las cuestiones referentes al aborto y un juego de rumores y desmentidos han sido arena perfecta para el duelo político.

Clinton propuso para el cargo a Henry Foster, ginecólogo de 61 años. El presidente alegaba la larga experiencia médica de Foster, y la eficacia de su programa contra los embarazos de adolescentes en Tennessee, que recomendaba la abstinencia. Pero la Casa Blanca no informó de que Foster había pertenecido a la Planned Parenthood Federation (principal promotora del aborto en Estados Unidos), y se supo pronto.

En cuanto Clinton dio a conocer su propuesta, una senadora pro aborto de Kansas, que preside la Comisión de Recursos humanos y Trabajo, quiso saber cuántos abortos había realizado Foster. A partir de ese momento se desencadenó una cadena de datos y desmentidos sobre el número exacto.

Lo peor ha sido que las declaraciones de Foster y de la Casa Blanca han sido confusas y contradictorias, lo que ha restado credibilidad a ambos. Por su parte, el partido Republicano, interesado en los recortes presupuestarios, ha aprovechado la ocasión para replantear la financiación del aborto.

Finalmente, tras las múltiples versiones, la Casa Blanca pidió a Foster que aclarara de una vez por todas cuántos abortos había practicado. En una entrevista de la cadena de televisión ABC reconoció haber realizado 39 en consultas privadas y haber supervisado otros 55 mientras dirigía los ensayos clínicos de un fármaco.

En el debate, Foster ha perdido aliados. The New York Times publicó un editorial en el que pedía a Clinton buscar otra persona. La confirmación del cargo, poco probable, depende del Senado, donde los republicanos tienen mayoría. Incluso algún senador demócrata ha declarado con enfado que no defendería a Foster, no por falta de méritos, sino porque la Casa Blanca no se había documentado lo suficiente antes de proponerlo.


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