Dirt Rally 2.0

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Género: Simulación de carreras.
Plataformas: PS4, Xbox One y PC.
Versión analizada: PS4.
Desarrolladora: Codemasters.
Distribuidora: Koch Media.
Idioma: Totalmente en castellano.
PEGI: 3.
Precio: 69,95 € (consolas); 44,95 € (PC).
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En 2016 recibimos el genial DiRT Rally y, con él, la confirmación de que Codemasters seguía dando motivos para ser considerado el rey absoluto de la simulación del rally. Con sus defectos y sus carencias, no dejaba de ser un juego de primera categoría, lleno de coches, circuitos, opciones de personalización y muchísimas carreras que superar.

Cuando hemos probado, en 2019, DiRT 2.0, hemos vuelto a ver que Codemasters no se ha dormido en los laureles, ni con la simulación ni con los contenidos. De hecho, si en el anterior el manejo era, dentro de lo que cabe, sencillo para los recién llegados, en este parece querer retarlos, porque la dificultad ha subido muchos enteros. Las ayudas que antes se ofrecían siguen estando pero ya no son, ni de lejos, tan útiles como antes y, si no tenemos más cuidado, acabaremos a menudo con el coche fuera de pista o, peor, destrozado. Incluso se ha incluido un limitador de reintentos, claro mensaje.

Volvemos a tener coches muy bien recreados, tanto a nivel visual como sonoro, y por supuesto su funcionamiento es increíble (sobre todo si se tiene volante), daños reales incluidos. Las pistas siguen siendo oficiales, tanto las de campo como las de circuitos. Por fortuna, seguimos teniendo doblaje al castellano (todo el juego está localizado, incluido textos), aunque el cambio de voz resulte algo chocante, pero la información que da es la correcta y siempre ayuda.

Las principales novedades se encuentran en los modos de carrera: tenemos rally y rallycross, esta segunda con auténticas bestias casi incontrolables y sobre las que hace falta un altísimo nivel de conducción para poder llegar al podio, más si se tiene en cuenta la agresividad de la IA, mucho más alta que en el anterior juego. No faltan los coches clásicos con un apartado enteramente dedicado a ellos, ni tampoco las pruebas online para competir contra jugadores reales.

Por desgracia, volvemos a echar en falta lo mismo que pedíamos en títulos anteriores: una zona para entrenar sin competir y opción para pantalla partida. Además, el “modo historia” sigue siendo muy soso, no hay un trasfondo que le dé sentido a lo que hacemos: simple ganar por ganar, contratar a mejores técnicos que nos arreglen y mejoren el coche y seguir adelante. Ojalá Codemasters se haga eco de estas mejoras, porque son las que elevarían el juego a obra maestra.

No tiene contenidos inadecuados, pero su elevada dificultad lo aleja del público más joven o el recién llegado, que va a tener una curva de aprendizaje muy pronunciada. No es el juego definitivo por los motivos antes dichos, pero sin duda vuelve a ser el rey de la simulación de los rallies y una cita obligada para sus fans.


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