El Observatorio

Cómo la legalización del cannabis ha perjudicado a los enfermos

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La presentación del cannabis como un producto con fines terapéuticos ha servido de punta de lanza para dar carta legal a la marihuana. Así ocurrió en Oregón, que fue uno de los primeros estados norteamericanos en legalizar la producción de marihuana con fines medicinales en 1998. En 2014 fue también pionero en legalizar la marihuana con fines recreativos. Y, según cuenta Melanie Sevcenko en The Guardian, los primeros perjudicados por la legalización han sido los enfermos que ahora buscan su remedio en… el mercado negro.

Cuando la industria del cannabis con fines terapéuticos estaba en su apogeo en 2016, había 420 dispensarios que facilitaban sus productos a los enfermos de cáncer, HIV, enfermedad de Crohn y otras dolencias, que aliviaban así sus síntomas. Podían aprovisionarse en ellos mostrando una tarjeta de pacientes autorizados. Tras la legalización con fines recreativos, no quedan más que 8 dispensarios. “La posibilidad de hacer mucho dinero ha movido a muchos dispensarios a pasarse al sector recreativo, con lo cual el foco ha cambiado de los pacientes a los consumidores”. Actualmente, la mayoría de estos negocios venden tanto la marihuana recreativa como los productos de cannabis con fines terapéuticos, que son libres de impuestos para los pacientes autorizados.

La legalización de la marihuana con fines recreativos ha hecho que la Autoridad Sanitaria de Oregón regule el contenido máximo de THC (principio activo) en los productos que se venden. Pero, según el productor de marihuana terapéutica PharmEx, el límite de 100 mg por unidad no es suficiente para un paciente realmente enfermo. Si uno necesita una dosis oral de 3.000 mg al día, explica a The Guardian, debería comprar 20 barritas de 100 mg, lo que, al precio de 20 dólares por barrita, supondría un gasto de 400 dólares diarios.

“Toda la gente para la que se hicieron estas leyes [de marihuana con fines terapéuticos] están ahora siendo esquilmadas y empujadas hacia el mercado negro”, dice Karla Kay, jefe de operaciones de PharmEx.

La persistencia del mercado negro indica que la mayor regulación tampoco supone que la ley se cumpla. Según un reciente informe publicado por la Autoridad Sanitaria de Oregón, el programa de marihuana terapéutica sufre de “una insuficiente e imprecisa información y seguimiento”, y de una falta de inspección. El pasado año, solo fueron inspeccionados 58 de los más de 2.000 cultivadores de marihuana con fines médicos.

Estas carencias de la inspección favorecen un mercado negro, que se extiende también a otros estados que no han legalizado la marihuana. El pasado febrero, la base de datos del estado sobre el cultivo de marihuana mostraba una producción tres veces superior a lo que los residentes compran en un año, lo que supone que el exceso se comercializa en el mercado no regulado. Según Billy J. Williams, fiscal para un distrito de Oregón, “desde que entró en vigor una legalización más amplia de la marihuana en 2015, grandes cantidades de marihuana procedente de Oregón se han requisado en 30 estados, la mayoría de los cuales siguen prohibiendo el consumo”.

Otra consecuencia de la marihuana recreativa ha sido que se han debilitado los lazos antes establecidos entre cultivadores, procesadores y pacientes.


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