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Black Mirror: Bandersnatch

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Creador: Charlie Brooker.
Director: David Slade.
Intérpretes: Fionn Whitehead, Craig Parkinson, Alice Lowem, Asim Chaudhry, Will Poulter, Tallulah Haddon, Fluer Keith, Catriona Knox.
Duración: episodio único de 90 min.
Emisión:
Netflix.
Público: Jóvenes-adultos.

La serie de ciencia-ficción Black Mirror es uno de los mayores éxitos de público de la plataforma Netflix. Los capítulos, completamente independientes unos de otros, tratan de las consecuencias de la técnica y las redes sociales —tanto las presentes como las posibles futuras— para la persona individual y la sociedad en general. Tras el estreno de la cuarta temporada en diciembre de 2017, un número creciente de seguidores espera impaciente la llegada de la quinta (al parecer, encargada en marzo de 2018). Entre una temporada y otra, Netflix ha insertado el episodio interactivo Bandersnatch.

La acción comienza el 9 de julio de 1984, cuando Stefan Butler, de 19 años, presenta en una empresa el juego de ordenador que aún está desarrollando. En los comienzos de la era del PC, y con ello también de los videojuegos, empresas como Tuckersoft, de Mohan Tucker, crecen como la espuma, gracias también a la creatividad de su programador estrella Colin Ritman. Stefan tiene una idea pionera: adaptar a un videojuego Bandersnatch, el libro preferido de su madre, fallecida en un accidente, y obra del autor (ficticio) Jerome F. Davies, que se caracteriza por su interactividad; es decir, que el lector determina con sus decisiones el desarrollo de la acción.

El juego de Stefan, llamado asimismo Bandersnatch, es revolucionario porque traspone el principio interactivo del libro al juego. Si bien Netflix ya había presentado en 2017 un primer título interactivo, Puss in Book: Trapped in an Epic Tale, un corto de animación de 35 minutos, con Bandersnatch abre un nuevo capítulo: una película con actores de carne y hueso que se interrumpe continuamente para que el espectador tome decisiones.

Tres tipos de alternativas, no todas auténticas

Ahora bien, las decisiones que toma aquel son de tres tipos distintos: en primer lugar, hay alternativas —como la marca de cereales que el espectador desea que Stefan desayune— que en nada afectan al desarrollo de la trama. Una segunda categoría son aquellas en las que, si el espectador elige una de las dos posibilidades, la acción da marcha atrás hasta un punto determinado: se tendrá que elegir necesariamente la otra posibilidad; de lo contrario se regresa de nuevo a ese punto determinado… y vuelta a empezar.

También hay un tercer tipo de alternativas, esta vez auténticas: dependiendo de la decisión del espectador, la acción se desarrolla de un modo u otro, con lo que la película termina de diferentes maneras (según Netflix, Bandersnatch tiene cinco finales alternativos). Para hacer posibles esas distintas tramas, en la plataforma existen cinco horas de material rodado y editado, mientras que la duración de cada una de las películas alternativas es de aproximadamente 90 minutos. Por si todo esto no fuera suficientemente complejo, el creador Charlie Brooker y el director David Slade añaden un plano extra en el argumento: Stefan comprueba con cada vez más claridad que está siendo controlado “desde fuera”, y en una de las alternativas se dice expresamente: “Te estoy viendo en Netflix”. En una entrevista, Brooker decía: “La trama no avanza de modo lineal, por lo que el autor se pierde una y otra vez en el laberinto que ha creado él mismo”.

¿Qué conclusiones se pueden extraer de esta película para el mundo fílmico? En primer lugar, y aunque resulte obvio: una película interactiva no puede proyectarse en salas de cine, sino solo privadamente. Económicamente, el gasto es considerable: en este caso, para una duración de cada película alternativa de hora y media, se dispone de material rodado y editado completamente de cinco horas, y eso que —recordemos— solo uno de los tres tipos de alternativas conducen realmente a resultados diferentes; los otros son más bien fakes. En último lugar, aunque para el film como medio sea lo más importante: desde el punto de vista de la estética, esta película interactiva recuerda demasiado a un videojuego.


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