El Observatorio

Alemania: ¿Conversión real o facilidad de asilo?

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La comunidad de fieles de la Dreieinigkeitskirche (Iglesia de la Trinidad), un templo luterano en Berlín, ha crecido exponencialmente en los últimos dos años: de 150 a 600 parroquianos. ¿La razón? Las conversiones… de inmigrantes musulmanes iraníes y afganos.

Un reportaje de AP refleja el caso de los cientos de solicitantes de asilo político que han “abrazado la fe” en la Dreieinigkeitskirche. La mayoría afirma que ha sido una auténtica conversión la que los ha impulsado a dar este paso, pero existe la duda razonable de que no lo hayan hecho por la creencia de que esa decisión aumentará sus posibilidades de obtener el asilo, pues declararse cristianos los llevaría a alegar que no pueden ser devueltos a casa porque enfrentarían la persecución religiosa.

El responsable de la congregación, el pastor Gottfried Martens, reconoce que algunos se bautizan con el propósito de mejorar sus oportunidades de quedarse en Alemania, aunque para él la motivación no es importante. Muchos –dice– están tan imbuidos del mensaje cristiano, que este les cambiará la vida. Según refiere, solo un 10% de los bautizados no regresan a la iglesia tras su conversión.

“Sé que hay personas que vienen porque tienen algún tipo de expectativa relacionada con el asilo, (pero) los estoy invitando a unirse a nosotros porque sé que nadie que venga quedará sin cambiar”.

Teóricamente, ser cristiano no ayuda per se a ningún inmigrante a que su solicitud de asilo sea fructífera y a evitar, por tanto, que se le deporte. “Esa información me parece una mala broma: la deportación de Alemania depende de si realmente existe una situación de persecución por razones políticas, no de si ha habido o no una ‘conversión””, explica a Aceprensa Volker Pellet, jefe de Protocolo en la Cancillería Senatorial de Berlín.

Otras fuentes, sin embargo, sostienen que como en Afganistán e Irán la conversión al cristianismo comporta el riesgo de ser condenado a muerte o a prisión, es improbable que Alemania llegue a deportar a conversos de esos países. Nadie, por supuesto, admite abiertamente que su conversión le ayudará a tener mayores oportunidades de asilo. Hacerlo puede develar la falsedad del proceso y derivar en la denegación de su solicitud y en su expulsión.

La autenticidad de algunas conversiones es cuestionada incluso por otros miembros de la congregación berlinesa. El iraní Vesam Heydari pidió asilo en Noruega en 2009 y se convirtió allí, pero cuando las autoridades noruegas le denegaron el estatus como refugiado, se mudó a Alemania, donde formuló nuevamente su solicitud y está aguardando una decisión. Heydari es muy crítico con otros de sus compatriotas incorporados a la iglesia, pues asegura que, por culpa de estos, se hace muy difícil que los “cristianos de verdad, los perseguidos” obtengan asilo. “La mayoría de los iraníes aquí no se han convertido de sus creencias. Solo quieren permanecer en Alemania”, dice.

Es así que, mientras otras Iglesias alemanas muestran números a la baja, la congregación del reverendo Martens ve sus bancos atestados. Algunos iraníes y afganos vienen incluso desde otras ciudades alemanas, animados por el rumor de que el pastor no solo bautiza a los musulmanes tras un curso relámpago de tres meses, sino que los ayuda en sus trámites de asilo. Para el pastor, que afirma tener en lista de espera a otros 80 catecúmenos, se trata de nada menos que un “milagro”.


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