El Observatorio

Adopciones con fronteras

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El número de adopciones internacionales ha bajado de 45.000 en 2004 a 12.500 en 2015, aunque en los orfanatos sigue habiendo muchos niños necesitados de una familia. Un artículo de The Economist indaga en las razones de esta situación.

La principal razón es el endurecimiento de las condiciones que ponen los países de origen para dar niños en adopción. Muchas veces esta rigidez es una reacción frente a abusos cometidos en otras épocas en que había grandes facilidades para que familias extranjeras adoptaran niños en países pobres. Todo esto movía mucho dinero, y en algunos países, como Guatemala, dio origen a una verdadera “industria” a través de abogados privados que a veces se parecía al tráfico de niños.

Para acordar unas reglas internacionales, en 1993 se aprobó la Convención de la Haya sobre adopción. La convención establece que los gobiernos de los países de origen deben verificar la procedencia de los niños y supervisar el proceso de adopción. También determina que primero hay que intentar buscar padres adoptivos entre sus parientes y entre familias nacionales, y solo después entre padres extranjeros. Conforme a estas reglas, los procesos de adopción tienen más garantías, pero también se han ralentizado mucho.

A medida que las reglas se complicaban, los adoptantes y las agencias han ido cambiando los países en que buscan niños disponibles. En los años 80, el 56% de todas las adopciones internacionales procedían de Colombia, India y Corea del Sur. En los 90, los tres principales eran Rusia, China y Vietnam. En los últimos años las agencias de adopción han dirigido su atención a África, sobre todo a Etiopía y República Democrática del Congo, que a su vez están endureciendo las reglas.

La mayor protección legal puede acabar siendo perjudicial para los 140.000 niños que, según UNICEF, viven en orfanatos a la espera de una familia que quiera adoptarlos. Algunos expertos piensan que la Convención de la Haya está siendo mal interpretado y aplicada. En los orfanatos hay un creciente número de niños “difíciles de colocar” (mayores de cinco años, con problemas de salud, con hermanos…), que no dan el perfil de lo que las familias adoptantes buscan o son capaces de gestionar. El alargamiento de los procesos de adopción y la arbitrariedad de algunos gobiernos desanima también a muchos potenciales adoptantes y perjudica a los niños.

Los países de origen responden que estas críticas no tienen en cuenta las dificultades de organizar un sistema de adopción sólido en países pobres.


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