El Observatorio

Abusos sexuales y alcohol, una historia recurrente

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Un caso más de violación a una menor ha dado que hablar en los medios de comunicación norteamericanos. Varias circunstancias aportan sensacionalismo al hecho: el presunto violador pertenecía al equipo de fútbol del que la víctima era animadora (en Estados Unidos se ha discutido mucho sobre el supuesto machismo de ciertas instituciones deportivas); el juez retiró los cargos en primera instancia, según algunos debido a la influencia del abuelo del acusado, que ocupa un cargo público; el colectivo Anonymous hizo bandera del caso y presionó para que se reabriera el caso, lo que parece que va a conseguir.

Las circunstancias en que se desarrolló la supuesta violación siguen punto por punto la pauta de otros recientes casos de abuso a menores: fiesta, alcohol en abundancia, chicas muy jóvenes con chicos algo mayores, borrachera, violación.

Un artículo de Slate se pregunta si no se puede hacer más para atajar el problema de las violaciones a menores por el que parece uno de sus desencadenantes principales: el consumo compulsivo de alcohol. Según un informe del Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), esta forma de beber (binge drinking, beber buscando directamente emborracharse en poco tiempo), que había estado tradicionalmente asociada a ambientes masculinos, tiene cada vez una mayor incidencia relativa entre las mujeres, especialmente las jóvenes.

La articulista de Slate reconoce que, para no culpabilizar a la víctima, muchas veces se ha evitado mencionar cualquier responsabilidad de la mujer. Esta actitud pretendidamente feminista solo consigue que no se hable de un problema de salud pública que está en la raíz de muchos de los abusos sexuales. Según un estudio de 2009, el 80% de los abusos cometidos en el entorno de los campus universitarios estaban relacionados con el binge drinking.

“Muchas chicas jóvenes –continúa la articulista– reciben el mensaje erróneo de que ponerse a la altura de los hombres en esta práctica es una conquista. El mensaje realmente feminista debería ser que cuando pierdes el control sobre tus actos, aumentan drásticamente las posibilidades de atraer al tipo de gente que, por decirlo sencillamente, no busca lo mejor para ti. Eso no es culpar a la víctima, es tratar de prevenir que haya más”.

Poner el foco en el alcohol o en la cultura de la fiesta desinhibida, que tanto promocionan ciertos videoclips o series de televisión, puede hacer mucho más por las mujeres que darle vueltas al “machismo estructural” o a la “sociedad patriarcal”.


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