El Observatorio

Aborto inseguro no es lo mismo que aborto ilegal

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Una versión de este artículo se publicó en el servicio impreso 28/14

El aborto ilegal no puede ser considerado automáticamente aborto “inseguro”, recuerda un grupo de investigadores en un editorial del último Boletín de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Son varios, dicen, los factores que pueden hacer un aborto peligroso para la mujer, de modo que legalizarlo no elimina los riesgos por sí solo, contra el argumento usual de los lobbies abortistas.

Según los autores, miembros del Departamento de Salud Reproductiva e Investigación de la OMS, “aborto ilegal” y “aborto inseguro” distan mucho de ser sinónimos, y así quedó plasmado en la definición dada de este último en 1993: “La legalidad o la ilegalidad de los servicios (…) puede no ser el factor determinante de la seguridad (…); la seguridad del aborto tiene que ser considerada tanto dentro de los contextos en los que es legal como en los que su legalidad está restringida”.

La OMS define el aborto inseguro como el procedimiento realizado por una persona sin las habilidades necesarias o en un ambiente que no cumple con las condiciones médicas de rigor.

No obstante, el concepto suele interpretarse de modo muy inconsistente, pues nada en la definición predetermina quién debe ser considerado un “proveedor seguro” de abortos, o cuáles son las habilidades apropiadas, o cuáles deben ser los estándares para ejecutar abortos. “No son cosas estáticas. Evolucionan de acuerdo con las recomendaciones de la OMS, basadas en la experiencia”, advierten los expertos.

En esta línea, recomiendan un añadido más “clarificador” a la definición: “Las personas, preparación y condiciones médicas consideradas seguras en la prestación de servicios de aborto son diferentes para el aborto médico y quirúrgico y además dependen de la duración del embarazo. Lo que se considera ‘seguro’ debe interpretarse en consonancia con la guía técnica y de políticas actual de la OMS”.

Los investigadores plantean que, dado que el aborto implica un riesgo per se, podría hablarse de una gradación: es menor si se hace en un centro de salud, con un método bien comprobado, y mayor si el embarazo está avanzado y se aplican métodos peligrosos, como la ingestión de sustancias cáusticas, o la inserción de objetos en el útero. Entre estos dos extremos, coexisten prácticas como la autoadministración de la píldora abortiva, o el uso de procedimientos ya desfasados, como el curetaje, por parte de abortistas experimentados.

Además de los determinantes inmediatos del riesgo de un aborto –dicen los autores–, en ocasiones influyen circunstancias como el contexto legal, la disponibilidad de “servicios seguros” de aborto, el nivel de estigma que rodea al fenómeno, el grado de acceso de la mujer a información sobre el procedimiento, así como la edad de la mujer y su estatus socioeconómico.

Históricamente, la OMS utilizó un solo elemento mensurable –la legalidad– en sus estimaciones regionales y globales de abortos inseguros, y concluyó que el 13% de la mortalidad materna se debe a tales abortos. Sin embargo, la cuestión es mucho más compleja, advierten los autores.

Por otra parte, el argumento de que prohibir el aborto provoca la muerte de mujeres en abortos peligrosos se ha mostrado endeble en casos como el de Irlanda, toda vez que en ese país, donde el aborto continúa siendo ilegal, la tasa de mortalidad materna (3 por 100.000 nacimientos) es menor que en las vecinas Inglaterra (8 por 100.000) y Escocia (10 por 100.000), números que han permanecido prácticamente iguales desde 1984.


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