En su intervención, el Papa dijo que “La sociedad entera y en particular los sectores relacionados con la ciencia médica deben expresar la solidaridad del amor, la salvaguardia y el respeto de la vida humana en todos los momentos de su desarrollo terreno, sobre todo cuando la persona padece una enfermedad o se encuentra en su fase terminal”.
Frente a las situaciones difíciles de la enfermedad grave y el dolor, que parecen ”impulsar a la eutanasia si se observan desde una perspectiva utilitarista de la persona”, el Papa sostuvo una “firme y constante condena de toda forma de eutanasia directa”. Benedicto XVI manifestó su convicción de que “un mayor respeto de la vida humana individual pasa inevitablemente a través de la solidaridad con todos y cada uno”. Lograr este objetivo constituye, según el Papa, “uno de los retos más urgentes de nuestro tiempo”. Por esto, “la sociedad a través de sus instituciones sanitarias y civiles está llamada a respetar la vida y la dignidad del enfermo grave y del moribundo”. Para el Papa “una sociedad que no logra aceptar a los que sufren y no es capaz de contribuir mediante la compasión a que el sufrimiento sea compartido y sobrellevado también interiormente, es una sociedad cruel e inhumana”.
El Congreso celebrado en Roma tenía como título “Junto al enfermo incurable y al moribundo: orientaciones éticas y operativas”. En su exposición, el Papa no eludió dar orientaciones precisas sobre la actuación médica y animó a los participantes a “asegurar a toda persona que lo necesite el apoyo necesario por medio de las terapias e intervenciones médicas adecuadas, administradas según los criterios de la proporcionalidad médica, siempre teniendo en cuenta el deber moral de suministrar (por parte del médico) y de acoger (por parte del paciente) aquellos medios de preservación de la vida que, en la situación concreta, resulten ‘ordinarios’”. En lo relativo a las terapias “de elevado riesgo o que puedan ser prudentemente juzgadas como ‘extraordinarias’”, el Papa explicó que “el criterio a seguir es el de considerarlos moralmente lícitos, pero facultativos”.
También se refirió el Santo Padre al cuidado que merecen las familias de los enfermos: “es necesario asegurar siempre a cada persona los cuidados necesarios y debidos, además del apoyo a las familias más probadas por la enfermedad de uno de sus miembros, sobre todo si es grave o se prolonga”. El Papa expresó su cercanía a las familias de los enfermos, pues en otro momento afirmó que “la sociedad debe asegurar el debido apoyo a las familias que quieren atender en casa, durante largos períodos, a enfermos afligidos por patologías degenerativas (tumorales o neurodegenerativas, etc.) o necesitados de una asistencia particularmente comprometedora”.




Alemania: abusos de menores en la Iglesia y fuera
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