Yo, Julia

Página 1

Autor: Santiago Posteguillo

Planeta.
Barcelona (2018).
704 págs.
22,90 € (papel) / 12,99 € (digital).

“La mayor parte de las acciones narradas en Yo, Julia son históricas”, escribe en la nota final Santiago Posteguillo, profesor de Lengua y Literatura en la Universidad Jaume I de Castellón, autor de las trilogías sobre Escipión y Trajano y premio Planeta 2018.

Yo, Julia, como las anteriores novelas del autor, está muy documentada. El personaje protagonista no es el emperador Septimio Severo, el iniciador de la dinastía Severa, sino su mujer, Julia, natural de Emesa, hija de un rey-sacerdote del culto al dios El-Gabal, a la que conoció en Siria y a la que los astrólogos habían anunciado que se casaría con un rey. El punto de vista de toda la narración se dirige hacia esta mujer, de la que se hace un retrato de su inteligencia, ambición y hermosura. Como se escribe en la novela, “Severo era un gran militar, pero Julia era la cabeza que regía, sin ser él consciente, su política”. Y es que Julia decide no ocupar un lugar secundario ni decorativo en la vida de su marido y se convierte en la gran estratega de casi todos los movimientos políticos y militares que realiza Septimio Severo para convertirse en emperador.

La novela alterna dos narradores. En primer lugar, el médico Galeno, que trató personalmente a Julia, va contando cómo conoció a Julia y su familia y cómo unió su destino al de esta dinastía. Tras unas páginas del “Diario Secreto” de Galeno, que abren cada uno de los cinco grandes capítulos, la novela avanza en tercera persona, describiendo la actividad política de cinco emperadores que se sucedieron, y coincidieron, en un corto espacio de tiempo, del 192 al 197 d.C.: Cómodo, Pértinax, Didio Juliano, Septimio Severo, Pescenio Nigro y Clodio Albino.

Tras la muerte de Marco Aurelio se hizo con el poder su hijo Cómodo, que gobernó a golpe de caprichos. Una conspiración lo eliminó y puso en el trono al senador Pértinax. Pero Pértinax, enfrentado a la temida guardia pretoriana, duró también pocas semanas en el poder. Le sustituyó Didio Juliano, viscoso senador que había hecho una gran fortuna con negocios turbios. La situación a la que llevó a Roma provocó el levantamiento de Septimio Severo, gobernador de Panonia Superior, quien se proclamó emperador en Carnuntum. Le disputó el poder Pescenio Nigro, gobernador de Siria, quien también se erigió en emperador. La trágica muerte de Didio Juliano llevó a Roma a una guerra civil entre los partidarios de Septimio Severo y Pescenio Negro. Tras la victoria del primero, se rebeló contra él Clodio Albino, gobernador de Britania, con quien Severo tuvo la disputa final.

Posteguillo cuenta todos estos hechos con una prosa muy funcional y muy didáctica, explicando a los lectores la difícil situación política y militar que estaba viviendo Roma, las complicaciones, las posibles soluciones y muchos detalles costumbristas. Los hechos transcurren en Roma y en las regiones de los gobernadores que entran en liza. Especial atención dedica a dos batallas trascendentales en la novela, la de Issus y la de Lugdunum. En esos capítulos, el ritmo de la novela se detiene y Posteguillo muestra con todo lujo de detalles el desarrollo de los combates.

En todo momento, Julia tiene voz propia y participa de las discusiones políticas de su marido con los principales líderes de su ejército. A pesar de ser mujer y extranjera, no se arredró ante nadie.

La novela narra cinco años trascendentales para Roma, en los que hubo asesinatos de emperadores, rebeliones, guerras civiles, mucha violencia… También política entre bambalinas, negociaciones, acuerdos. Posteguillo transmite con una prosa eficaz y con un excelente ritmo narrativo todos esos hechos históricos.


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