El Observatorio

¿Y si tuviéramos una píldora contra las locuras de amor?

Página 1

Expertos en bioética de la Universidad de Oxford, entre los que destaca el filósofo utilitarista Julian Savulescu, se preguntan en el American Journal of Bioethics si sería ético fabricar una píldora que apague la pasión de quienes están enganchados a relaciones perniciosas. Para el editor de MercatorNet, Michael Cook, la propuesta es expresiva de la tendencia actual a resolver cualquier problema con fármacos.

Savulescu y compañía creen que “la píldora contra el amor” podría ser útil para poner fin a formas destructivas de la pasión, ya sea una relación adúltera, incestuosa o pedófila. Particularmente eficaz sería en aquellas relaciones en que una persona no termina de decidirse a dejar a una pareja maltratadora.

Eso sí, aclaran, el fármaco tendría que dispensarse bajo cuatro condiciones: la relación amorosa debe ser claramente perjudicial; la persona tiene que querer tomarla; ha de ayudarle a buscar fines más elevados; y no debe existir otra alternativa. Si se dan estos requisitos, los autores sostienen que la toma de la píldora “podría estar justificada e incluso ser moralmente exigible”. Es más: “en algunos casos, negarla sería inhumano”.

Cook pone varias objeciones éticas a esta píldora, que por el momento no pasa de ser un remedio hipotético. También se muestra escéptico respecto a su eficacia, pues en esas relaciones adictivas intervienen factores muy variados. “Si ni siquiera entendemos la adicción a la droga, ¿cómo podemos reducir el amor a ‘un juego de subsistemas neuroquímicos y conductuales que evolucionaron para promover el éxito reproductor de nuestros antepasados’, tal como lo definen Savulescu y sus colegas?”.

Pero lo que de verdad preocupa a Cook es la tendencia a buscar una píldora para cualquier problema. “El gran dilema [que plantea este debate] es si debemos confiar en la tecnología antes que en la capacidad de nuestra inteligencia y nuestra voluntad para guiar nuestra emociones hacia la excelencia humana”.

Para Cook, los fármacos pueden ser útiles a veces para ayudar ante ciertos estados de ánimo pero, en el caso normal, corresponde a cada cual elegir si va a realizar o no las conductas a las que los sentimientos le empujan. “Algo serio está fallando cuando una cultura necesita píldoras para conseguir que la gente se sienta satisfecha con su vida”.


Nuestra web utiliza cookies para facilitar el servicio. Si continúa navegando entendemos que las autoriza.