Envejecer en España: mayores sin clichés

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Mirando los datos (un buen resumen es el informe del CSIC “Un perfil de las personas mayores en España 2019”) de los que llegan a los 65 en las últimas décadas, la vejez no es una realidad constante y uniforme.

Cierto, en 1920 apenas había octogenarios y en 2018 son un tercio de los mayores de 65 años. A partir de los 50, la población pasa de ser mayoritariamente masculina a feminizarse, aunque la esperanza de vida saludable es superior entre los hombres (más del 50%) que entre las mujeres (alrededor del 40%) en este siglo.

“La proporción de quienes continúan en actividad laboral tras cumplir los 65 años es muy baja, comparada con otros países europeos y de la OCDE, solo el 5,9% (2017) en la población de 65-69 años. España es un país con una cifra de años esperados de jubilación, para los hombres, bastante alta (21,5 años, en 2016), por encima de buena parte de la Unión Europea, debido sobre todo a una mayor esperanza de vida y a una edad de jubilación real por debajo de los 65 años”, expone el informe del CSIC. Para las mujeres todavía hay más años por delante.

Entre los cuidadores con más de 65 años, la proporción de hombres tiende a igualarse a la de mujeres

A la vez, ha crecido el porcentaje de casados respecto a viudos; si en los años 70 representaban respectivamente el 49% y el 39%, en 2017 es del 61% respecto al 28%. Como consecuencia, ha crecido en proporción el papel de los hombres cuidadores, aunque las viudas siguen siendo mayoritarias a partir de los 80 años. Es decir, entre los cuidadores mayores de 65 años, las proporciones de hombres y de mujeres casi se igualan (18% mujeres, 14% hombres, sobre el total de cuidadores, y en un porcentaje casi similar de 14% entre las personas de su franja de edad y sexo), aunque quien recibe los cuidados es la mujer (47%) con mucha diferencia sobre el hombre (24%). Las hijas continúan llevando mucho peso.

En el último censo de 2011, los que entonces superaban los 65 tenían estudios básicos: en el caso de las mujeres, la mayoría no había pasado de estudios primarios, con residuos importantes de analfabetismo. En cambio, en los menores de 55 este porcentaje disminuía por debajo del 20%, con un importante crecimiento de la población femenina con estudios superiores. Si a esto se añade que desde 1987, con el programa Erasmus, muchos universitarios han residido en otros países europeos, dentro de diez años empezará a jubilarse una generación que afrontará la etapa posprofesional de una manera radicalmente distinta a las anteriores.

Lo mismo que sucede en la educación sucede en la tecnología. Según el informe del CSIC, en diez años, los mayores de 65 que usan Internet han pasado del 7% al 47%. Pero la franja 55-64 ya supera el 70%.


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