El Observatorio

Veinte años de libre comercio en América del Norte

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A punto de cumplirse el 20º aniversario del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), firmado entre Estados Unidos, Canadá y México, la sección “Room for Debate” del New York Times se pregunta por los aciertos y errores de este acuerdo. La discusión tiene interés ya que está sirviendo de modelo a otros tratados similares como el Acuerdo Transpacífico, que liberará el comercio en la región de Asia-Pacífico.

Para Eugene Beualie, director del programa de economía internacional en el School of Public Policy y profesor de la Universidad de Calgary, no hay dudas de que el TLCAN ha cumplido los objetivos de estimular el comercio y la inversión. En estos veinte años, el comercio entre los tres países se ha triplicado; y solo entre 1994 y 2010, las inversiones entre ellos han aumentado seis veces.

Adelantándose a quienes dicen que el TLCAN solo sirve a los intereses de las grandes empresas y de los gobiernos, Beualie sostiene que la reducción de reglas comerciales ha supuesto ventajas para todos: los productores se han vuelto más competitivos en el mercado global, mientras los consumidores han disfrutado de productos de calidad a precios más bajos. De ahí que el 80% de los canadienses tenga una opinión favorable del tratado, según una reciente encuesta.

El TCLAN ha servido para incentivar el comercio y la inversión entre los tres países, pero sigue siendo discutido su impacto sobre el empleo, los salarios y el medioambiente

México: más riqueza pero pierden los agricultores
Gerónimo Gutiérrez, director ejecutivo del North American Development Bank, destaca el beneficio mutuo que han obtenido EE.UU. y México. Actualmente, México compra más productos a EE.UU. que lo que le compran juntos los BRIC (Brasil, Rusia, India y China). Y según datos de la Cámara de Comercio de EE.UU., 6 millones de empleos estadounidenses dependen del comercio con México.

Gutiérrez resume las ventajas del TLCAN para México en dos datos: el 80% de las exportaciones mexicanas van a EE.UU.; y el 50% de la inversión extranjera directa que recibió México entre 2000 y 2011 proviene de su país vecino. Lo que en conjunto está contribuyendo a revitalizar la economía y el tejido industrial del país.

A favor del TLCAN también se han pronunciado el representante permanente de México ante la Organización Mundial del Comercio, Fernando de Mateo, así como el secretario mexicano de Economía, Ildefonso Guajardo. Si bien este último cree que las exportaciones se concentran todavía en solo el 15% de las empresas mexicanas. Por su parte, el presidente Enrique Peña Nieto ha convertido en una de sus prioridades meter a México en el Acuerdo Transpacífico, que busca llevar a Asia-Pacífico el modelo del TLCAN.

Pero Laura Carlsen, directora del programa de las Américas en el Center for International Policy, piensa que el TLCAN ha perjudicado a los mexicanos de a pie. Entre otros efectos negativos, destaca que las importaciones del maíz subvencionado y otras materias primas de EE.UU. han perjudicado a los pequeños agricultores mexicanos: unos dos millones han cerrado sus granjas desde que entró en vigor el acuerdo. A la vez, los consumidores han visto crecer los precios de algunos alimentos básicos como la tortilla.

Déficit comercial y desempleo en EE.UU.

Tampoco EE.UU. ha salido tan bien parado como dicen los partidarios del TLCAN. Dean Baker, economista y codirector del Center for Economic and Policy Research, hace hincapié en que EE.UU. va camino de alcanzar un déficit comercial con México de más de 50.000 millones de dólares, mientras que antes del tratado tenía un modesto superávit.

Como ahora EE.UU. importa más, se están perdiendo puestos de trabajo nacionales, una crítica en la que coinciden todos los detractores del TLCAN invitados por el New York Times. El Ecomomic Policy Institute estima que solo en 2010 los intercambios comerciales con México se llevaron por delante unos 682.900 puestos de trabajo en EE.UU., el 60% de ellos de la industria manufacturera. Esto explica por qué la opinión pública estadounidense no lo ve con buenos ojos.

Baker repite después otra crítica clásica, asegurando que el TLCAN ha provocado el descenso de los salarios en EE.UU.. A lo que Carlsen añade otros dos efectos perjudiciales: la desprotección de los derechos laborales y del medio ambiente. Pero ninguno aporta datos concluyentes. En cambio, es significativo que no mencionen los tratados firmados entre los tres países socios para garantizar el cumplimiento de la legislación laboral y medioambiental vigente en cada país: el Acuerdo de Cooperación Laboral de América del Norte (ACLAN) y el Acuerdo de Cooperación Ambiental de América del Norte (ACAAN).


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