Una maniobra calumniosa contra el ex primado húngaro

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Budapest. Una serie de «filtraciones» manipuladas del archivo de la policía secreta húngara han sido recientemente utilizadas en Budapest para acusar al antiguo cardenal primado Lászlo Paskai de haber sido confidente de la policía. Según han descubierto diversos historiadores húngaros, de los documentos presentadas no se desprende que Paskai hubiera colaborado con los servicios secretos. La utilización de supuestos protocolos de los interrogatorios a que fue sometido Paskai en su día por la policía comunista son «una manipulación calumniosa», según ha revelado a ACEPRENSA una fuente de la oficina del primado húngaro en Budapest.

Por razones desconocidas las autoridades húngaras desclasificaron y entregaron recientemente a un Archivo Nacional húngaro algunos dossiers seleccionados de los servicios secretos del régimen comunista. Entre ellos figuraba el de Lászlo Paskai, un religioso franciscano que en 1978 había sido nombrado obispo de Veszprem y en 1987, a pesar de la resistencia del gobierno, arzobispo de Esztergom y primado de Hungría. Un año más tarde Juan Pablo II le nombró cardenal. A Paskai le correspondió dirigir los pasos de la Iglesia católica húngara en los difíciles anos de la transición democrática. En diciembre de 2002, después de haber cumplido la edad prescrita (75 años) presentó su dimisión. Le sucedió el actual cardenal primado, arzobispo Péter Erdö.

Hacía ya un año que el párroco e historiador Ferenc Tomka, a quien Paskai había informado ya sobre el dossier, había publicado una valoración del mismo en una publicación histórica, de la que no se desprendía que Paskai hubiera sido confidente. Pero recientemente otro historiador llamado Krisztian Ungvary, en un artículo publicado por el semanario literario «Elet es irodalom» y basándose en los mismos documentos, ha acusado a Paskai de haber trabajado para el servicio secreto.

Una lectura del dossier permite advertir que alguien ha intentado convertir los protocolos de los interrogatorios a los que la policía secreta sometía a Paskai en pruebas de que el cardenal había sido confidente de los órganos de seguridad. Según ha revelado Tomka, su colega Ungvary ignora que los propios anónimos inquisidores -como era habitual en aquella época-, a pesar de que dejaron constancia escrita de que Paskai había «evitado dar respuestas concretas», convirtieron después estas mismas respuestas en «informes de confidente». Según Tomka, la interpretación de Ungvary es «calumniosa, injusta y no histórica».

No se excluye que toda la operación sea una manipulación por parte de ciertos sectores gubernamentales encaminada a desprestigiar a la Iglesia católica en Hungría precisamente en vísperas de las próximas elecciones parlamentarias (primera vuelta, el 7 de abril). A pesar de que la Iglesia húngara no ha hecho ninguna recomendación electoral -ni seguramente la hará-, es posible que los partidos del actual gobierno (socialistas y liberales) piensen que debilitando a la Iglesia, que para muchos húngaros continúa siendo un importante punto de referencia espiritual, se debilitará al principal partido de la oposición de centro-derecha.

Ricardo Estarriol (ACEPRENSA)

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