El Observatorio

Una eugenesia “suave y democrática”

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Unos 130 médicos franceses han firmado un manifiesto en el que piden que los procedimientos de reproducción asistida estén al alcance de mujeres solas y de parejas homosexuales, y que se permita el análisis genético del embrión en todos los casos. Dicen haber realizado esas prácticas, prohibidas por la ley en Francia pero admitidas en otros países.

A esa declaración responde el biólogo Jacques Testart, considerado el “padre científico” del primer niño nacido en Francia por fecundación in vitro (FIV), en 1982, pero que más tarde abandonó esas técnicas por motivos éticos. Según él, los médicos que han secundado el manifiesto pueden reflejar “un malestar genuino en la profesión y su frustración por lo que es posible en otros lugares”. Sin embargo, “simplifican de modo extremo las cuestiones bioéticas, para reducirlas a una supuesta obligación de responder a todas las peticiones de los pacientes”, en una “escalada de exigencias” que no tendría límite.

Según Testart, los firmantes no se cuestionan el nuevo rol que se atribuye la biomedicina, para resolver situaciones que son de origen social, más que médico. Tampoco se preguntan “sobre la compleja naturaleza del ‘deseo del hijo’, o sobre la eficacia de las acciones que se demandan (cada ovocito conservado tiene solo un tres por ciento de posibilidades de convertirse en un bebé), o sobre los costes que debe asumir la colectividad, o sobre el carácter veterinario de ciertas prácticas”.

Los bancos de esperma, precisa, “aparean a las parejas reproductoras”, con la mira en la calidad genética del niño, mientras se mantiene en el anonimato la identidad del donante, aunque la persona quiera saber cuáles son sus orígenes.

Los firmantes reclaman también que se autorice de modo general el diagnóstico genético preimplantatorio del embrión (DPI). Actualmente, el DPI se permite solo cuando hay un riesgo conocido de transmitir una deficiencia hereditaria, ligada a un gen determinado. Testart añade que uno de los firmantes ha pedido, en otro foro, que se permita comprobar la trisomía 21, aunque es “una anomalía sin factor de riesgo determinante”.

“¿Por qué, nos preguntaremos una vez que sea legalizada el DPI, limitar su aplicación a las situaciones de abortos espontáneos repetidos, cuando las anomalías cromosómicas son casi siempre impredecibles? ¿Por qué las parejas que se someten a una FIV por esterilidad no habrían de pedir un DPI, reivindicando la igualdad de todos los pacientes en relación con los riesgos genéticos? Y puesto que ‘nuestros’ pacientes se marchan al extranjero para concebir un niño del sexo preferido, o que no padezca estrabismo, y que esté asegurado contra cualquier tipo de riesgos, ¿cómo se puede tolerar que en Francia no se disponga de esos servicios?”.

De prosperar las exigencias de los firmantes del texto, Testart advierte que el DPI se difundirá como método para prevenir las “desviaciones de la norma”, cosa que será técnicamente posible una vez que se produzcan embriones por centenares y la FIV ya no sea una carrera de obstáculos. Entonces se habrá implantado una “verdadera eugenesia suave y democrática”.

Por ello, concluye: “El manifiesto nos recuerda que la bioética es el arte de poner límites”.


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