EL Observatorio

Una cara joven para el debate sobre el matrimonio en EE.UU.

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El estadounidense Ryan T. Anderson, de 33 años, se ha convertido en una de las caras más populares en el debate sobre la redefinición del matrimonio en Estados Unidos. Investigador de la Heritage Foundation y fundador de la revista de pensamiento Public Discourse, Anderson combina los argumentos filosóficos con las conclusiones de las ciencias sociales. The Washington Post repasa algunos de ellos. 

Tras doctorarse en economía política por Notre Dame, Anderson se dio a conocer con la publicación del libro What is Marriage? (cfr. Aceprensa, 15-05-2013), escrito en colaboración con su colega Sherif Gergis y con el profesor de Princeton Robert P. George, mentor de ambos. What is Marriage? es uno de los libros que mejor ha sabido articular últimamente la postura de quienes piensan que el matrimonio solo puede ser la unión entre un hombre y una mujer. El juez Samuel Alito lo citó dos veces en el voto discrepante a la sentencia del Tribunal Supremo, de junio de 2013, que –en teoría– dejó en manos de los estados la decisión sobre las bodas gais (cfr. Aceprensa, 27-06-2013).

En la práctica, esa sentencia ha permitido a varios jueces federales imponer el matrimonio gay en 30 estados donde estaba prohibido. Ante el caos jurídico provocado, se espera que el próximo junio el Supremo se pronuncie sobre si el matrimonio gay es o no un derecho constitucional.

Por qué al Estado le interesa el matrimonio

Este contexto ayuda a comprender el nuevo empeño de Anderson por explicar en los medios que la Constitución no obliga a redefinir el matrimonio. Es más: si el Estado se mete a regular una unión matrimonial no es porque le interese proteger el romance entre dos adultos, sino porque tiene un interés legítimo en brindar a los niños la oportunidad de criarse en una familia formada por un padre y una madre.

No son, pues, los deseos de los adultos lo que protege el Estado, sino las necesidades de los niños. “El matrimonio existe para unir a un hombre y a una mujer como marido y mujer, para que después sean el padre y la madre de los hijos que surjan de esa unión”, explica al Washington Post.

“Esta afirmación se funda en la verdad antropológica de que el hombre y la mujer son distintos y complementarios; en el hecho biológico de que la reproducción requiere de un hombre y de una mujer; y en la realidad sociológica de que los hijos se benefician de tener un padre y una madre”.

Debatir no quita nada a nadie

En sus intervenciones públicas, ya sea en la televisión o en las universidades a las que es invitado a dar conferencias, Anderson también intenta aclarar que el debate sobre las bodas gais no tiene nada que ver con la igualdad: “No cabe duda de que los gais y las lesbianas han estado discriminados en el pasado. Pero el matrimonio no forma parte de esa discriminación”. Por eso, explica que no es razonable comparar la oposición al matrimonio entre personas del mismo sexo con la oposición al matrimonio interracial (cfr. Aceprensa, 30-04-2014).

El artículo del Washington Post, firmado por el periodista Robert Barnes, presenta a Anderson como “un polemista entusiasta, que es capaz de hablar durante horas”. El problema es que muchos de sus oponentes le descalifican automáticamente. Y están también los que le estigmatizan, sugiriendo que actúa de mala fe. El propio Anderson explica que los partidarios de las bodas gais ya “no se limitan a pensar que estás equivocado, sino que eres malo. Y que tu postura está llena de odio. Para mí ya es un éxito que alguien, por lo menos, me diga: ‘Estoy en desacuerdo contigo, pero no creo que estés loco o lleno de hostilidad. Creo que estás equivocado, pero entiendo por qué defiendes lo que defiendes’”.


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