El Observatorio

Un plan para que las empresas superen la fijación del corto plazo

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Según cuenta The Atlantic, más de una treintena de ejecutivos de grandes compañías y académicos se han unido para lanzar el American Prosperity Project, una iniciativa del Aspen Institute con la que pretenden ofrecer alternativas viables al cortoplacismo que, en su opinión, se ha instalado últimamente en el mundo empresarial norteamericano, y que está afectando a los trabajadores más vulnerables a costa del beneficio de unos pocos.

El manifiesto publicado denuncia una serie de factores que han contribuido a este hecho: por un lado, la falta de inversión pública en infraestructuras e investigación, dos elementos clave para que las empresas puedan pensar a largo plazo.

Por otro lado, el sistema fiscal norteamericano tampoco ayuda: el impuesto de sociedades es muy alto, y privilegia a unos pocos sectores o empresas que, gracias a ciertas grietas del sistema, escabullen al fisco parte de sus beneficios. Además, el tiempo a partir del cual una inversión se califica como “a largo plazo” (y por tanto tiene una tasación menor) es de solo un año. Según los firmantes, si la barrera se situara en los cinco años, más inversiones se mantendrían en el tiempo, permitiendo un modelo de crecimiento con perspectivas más amplias.

Otro de los factores concurrentes es la obsesión por los resultados trimestrales, derivada en parte de la presión que ejercen los accionistas. La mayor impaciencia de estos se debe a que el tiempo en que esperan beneficios se ha recortado drásticamente. En 1960, el accionista medio retenía sus títulos durante ocho años (desde que los adquiría hasta que los volvía a vender); actualmente, este periodo se ha reducido a ocho meses.

Ante unos inversores cada vez más exigentes y un proceso de globalización que urge a reducir el gasto en personal, las empresas han disminuido la inversión en formar a sus trabajadores: un 28% de 2000 a 2010.

El manifiesto, además de proponer cambios políticos, también sugiere algunas medidas que pueden tomar las propias empresas. Por ejemplo, dar mayor poder de decisión a los inversores que mantengan su apoyo a largo plazo, o no atar el salario de los ejecutivos a los beneficios trimestrales. No obstante, habría que ver qué impacto tienen estas políticas en la valoración de la compañía. El precio de las acciones de Unilever cayó sensiblemente cuando su presidente anunció en 2009 que dejaría de publicar estos resultados.

No obstante, los autores consideran que solo el impulso conjunto del gobierno y el sector empresarial puede devolver a la sociedad la confianza en el capitalismo como un sistema económico “que funciona para todos”.


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