El Observatorio

Un nuevo escepticismo ante los derechos humanos

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En un reciente simposio organizado en Roma por la Fundación Joseph Ratzinger-Benedicto XVI, la jurista Mary Ann Glendon, profesora de Derecho en Harvard y exembajadora de Estados Unidos ante la Santa Sede, habló en una conferencia de varios debates actuales relativos a los derechos humanos. La periodista Elise Harris la ha entrevistado para Crux.

Glendon explica que hoy está tomando cuerpo “un nuevo escepticismo” que pone bajo sospecha la propia noción de los derechos humanos, “víctimas de su propio éxito”, y sobre la que alertan los especialistas en esta materia.

Detrás de la devaluación de la idea de los derechos humanos hay varios factores. Una es la proliferación de nuevos derechos, que se han ido creando en las últimas décadas para defender intereses de grupo o causas ideológicas. Sin ser perfecta, la Declaración de 1948 tuvo el acierto de ser “modesta” y “sencilla”: se limitó a reconocer 30 derechos universales, inspirándose en lo que decían las grandes tradiciones filosóficas y religiosas. De ahí que el texto contase con un amplio consenso entre las naciones que lo aprobaron en la Asamblea General de las Naciones Unidas.

Pero en la infinidad de catálogos de derechos de los que se han ido dotando las democracias liberales, hoy se pueden contar hasta unos 1.000. En opinión de la jurista de Harvard, este boom no solo trivializa el significado de los derechos humanos sino que distrae la atención de lo que constituyen sus vulneraciones más graves, como la esclavitud o la tortura.

En la misma línea, a Glendon le preocupan particularmente los intentos de relativizar la libertad religiosa y de convertirla en un “derecho de segunda clase, que se subordina a menudo o con demasiada frecuencia a otros derechos, reclamos e intereses”. Y advierte que ya hay destacados juristas que defienden la idea de que una ley que garantice expresamente la libertad religiosa es “una reliquia propia de una edad supersticiosa”.

Como mejor se entienden las advertencias de Glendon es a la luz de lo que está pasando en Estados Unidos con los conflictos entre las llamadas leyes antidiscriminación por motivos de orientación sexual y las Leyes de Restauración de la Libertad Religiosa (RFRA).

Otra forma de trivializar los derechos humanos es utilizarlos como herramientas de poder. Ocurre, por ejemplo, cuando un país cierra en falso el debate sobre cuestiones controvertidas como el aborto y la eutanasia, al conseguir que un tribunal los declare derechos incuestionables. “Si los asuntos se deciden en los tribunales, se llega a una decisión de todo o nada en la que los perdedores se enfadan y decepcionan mucho”.

Es el mismo argumento que utilizó el presidente del Tribunal Supremo estadounidense, John Roberts, en su voto particular en la sentencia que legalizó el matrimonio homosexual para todo el país, en 2015. El Tribunal, dijo, “se apodera de una cuestión que la Constitución deja a la gente, en un momento en que los ciudadanos están inmersos en un apasionado debate”.

Glendon también lamenta que los derechos humanos se usen como una forma de “neocolonialismo” en los países pobres. “Las organizaciones de derechos humanos financiadas por Occidente llegan y reclaman el estatus de derechos humanos universales para su agenda, tratando a las personas en esos países como si fueran ignorantes”, incapaces de reconocer por sí mismos qué es lo que les conviene.


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