El Observatorio

Un mayor desarrollo no frena automáticamente la emigración

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Que un país pobre emprenda seriamente la senda del desarrollo y dé más oportunidades de superación y prosperidad económica a sus ciudadanos, no implica necesariamente que su flujo migratorio exterior se detenga o ralentice. De hecho, lo que suele ocurrir es que se acrecienta, al menos en los primeros tiempos.

Lo anterior queda reflejado en el informe sobre Migración, agricultura y desarrollo rural, publicado recientemente por el Fondo de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO). Concebir estrategias de desarrollo con la única esperanza de cortar de inmediato la emigración hacia países de economías consolidadas, dice el documento, no tiene mucho sentido.

Según la organización, aunque el desarrollo es un objetivo deseable en sí mismo, es importante notar que no hay pruebas de que incida en un descenso del flujo migratorio a corto o a medio plazo. “De hecho, puede ocurrir lo opuesto. La experiencia sugiere que para los países de ingresos bajos o medios, el desarrollo y el aumento de las ganancias inicialmente provocan mayores niveles de emigración”.

Las salidas comienzan a descender, según el informe, solo cuando los países alcanzan un estatus medio-alto. Por ello, el desarrollo no debe ser visto meramente como un medio para frenar la emigración.

Entre los datos del informe de la FAO, se señala que, aunque lo que más llama la atención mediática es la migración de países pobres a países ricos, son mayores los flujos de unos países pobres a otros. Por ejemplo, “el 85% de los refugiados internacionales han sido acogidos por países en desarrollo”.

A pesar del incremento absoluto de las migraciones, cuando se observa qué parte de la población mundial es migrante se obtiene un porcentaje pequeño: en 1990 los expatriados eran el 2,9%, y en 2015 pasaron a ser el 3,3%. Sí hay diferencias más notables en cuanto a orígenes y destinos. Mientras la proporción de emigrados entre países en desarrollo se ha mantenido estable en tres décadas (1,8-1,9%), los que han salido a países de altos ingresos ha pasado de 7,2% a 11,2%.


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