Un libro acusa a los Aliados de pasividad ante el Holocausto

Afirma que conocían el exterminio de judíos pero rehusaron actuar

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Desde hace años, se acusa al Papa Pío XII de haberse hecho cómplice, con su silencio, del Holocausto durante la II Guerra Mundial. La Santa Sede responde que prefirió actuar calladamente para salvar judíos, por temor a que las denuncias públicas sólo sirvieran para provocar represalias. Los reproches de pasividad se han dirigido en menor medida contra los Aliados, si bien ellos estaban mejor informados. Esto es lo que sostiene el libro de Richard Breitman Official Secrets, recién publicado en Estados Unidos y reseñado en The Washington Post (22-X-98).

No todo es nuevo en el libro de Breitman, pero el autor ha podido manejar archivos secretos recientemente abiertos, que le permiten relatar el caso con detalle. Hasta ahora, la mayoría de los historiadores sostenían que los Aliados no supieron del Holocausto hasta finales de 1944.

Los documentos estudiados por Breitman indican, en cambio, que el servicio secreto británico conocía la existencia de campos de exterminio desde el otoño de 1941 -poco después de que empezaran a funcionar-, gracias a que había logrado descifrar las transmisiones por radio alemanas. Y desde la entrada de Estados Unidos en la guerra, los británicos compartían esa información con sus aliados americanos.

¿Por qué no denunciaron el exterminio? Los británicos sostenían que no podían revelar esa información porque, si lo hacían, los alemanes descubrirían que les habían descifrado las comunicaciones en clave. Pero Breitman replica que en otros casos los británicos supieron cómo proteger sus fuentes y que el propio Churchill hizo públicos datos obtenidos de la misma manera, sin que nunca mencionara el genocidio de judíos.

Los archivos muestran que, pese a las pruebas del Holocausto, cada vez más claras, muchos responsables británicos y norteamericanos rehusaban darles crédito y siguieron, hasta el final, considerándolas exageraciones. La tesis que se impuso entre los Aliados era que nada podían hacer por los judíos, fuera de ganar la guerra. Breitman concede que los Aliados tenían pocas posibilidades de acción militar directa en favor de los judíos perseguidos y que les era imposible detener por completo el Holocausto mientras no derrotaran a los nazis. Pero, dice, podrían haber presionado a los Estados satélites de los nazis para que no cooperaran al exterminio, o por lo menos podrían haber puesto sobre aviso a los judíos, para que intentaran ponerse a salvo. Sin embargo, nada hicieron, porque dieron absoluta prioridad a los objetivos militares, lo que fue, dice Breitman, un "tremendo error moral".


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