Un diálogo más cultural que religioso

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En un artículo publicado en AsiaNews, Samir Khalil Samir, jesuita, egipcio, y profesor de islamología en la Universidad de San José de Beirut, explica cómo ve Benedicto XVI las relaciones con el Islam.
Benedicto XVI, escribe Samir, «ha comprendido perfectamente la ambigüedad en la que se debate el islam contemporáneo y su dificultad para encontrar un puesto en la sociedad moderna». Se da cuenta de que el diálogo religioso con el islam no va a avanzar, al menos por el momento; y por eso propone «un diálogo cultural y de civilización, basado sobre la racionalidad y sobre una visión del hombre y de la naturaleza humana que es anterior a cualquier ideología o religión».

El cardenal Ratzinger ha advertido, explica el jesuita egipcio, que la dificultad esencial de las relaciones con el mundo musulmán «proviene de la concepción totalizante de la religión islámica, profundamente diversa del cristianismo. Por eso insiste en que no debemos tratar de proyectar sobre el Islam la visión cristiana de las relaciones entre religión y política».

Según la concepción islámica de la revelación, «el Corán ‘ha bajado’ sobre Mahoma, no se le ha ‘inspirado’. Por eso el musulmán no se cree con derecho a interpretar el Corán (…) El absolutismo del Corán hace mucho más difícil el diálogo, porque las posibilidades de interpretación parecen excluidas y en cualquier caso muy reducidas».

Por eso, al dirigirse a los musulmanes en la Jornada de la Juventud en Colonia en 2005, decía: «solo se puede encontrar una base común de entendimiento sobre el reconocimiento del carácter central de la persona, superando eventuales contraposiciones culturales y neutralizando la fuerza separadora de las ideologías». Por lo tanto, comenta Samir, «antes incluso de las religiones, está la voz de la conciencia, y todos debemos luchar por los valores morales, la libertad de la persona, la defensa de los derechos (…) La idea esencial es que el diálogo con el islam y con las otras religiones no puede ser esencialmente un diálogo teológico o religioso, excepto en el amplio sentido de los valores morales; en cambio, debe ser un diálogo de culturas y de civilizaciones».

Esto explica, asegura Samir, por qué Benedicto XVI ha unido el Pontificio Consejo para el Diálogo Interreligioso y el Consejo para la Cultura, sorprendiendo a todos.

Samir, que ha participado en varios encuentros de diálogo con representantes musulmanes, explica su experiencia: «con el Islam no se consigue nunca hacer un discurso estrictamente teológico: no se puede hablar de la Trinidad, de la Encarnación…» Apenas se empieza a hablar de temas religiosos, salen a relucir los conflictos políticos o culturales. El Papa ha comprendido que «por el momento no es posible discutir de teología entre islam y cristianismo. En cambio se trata de afrontar el vivir juntos en aspectos concretos de la política, la economía, la historia, la cultura, las costumbres».

El islam es a la vez una religión y un fenómeno sociopolítico. «El Papa ha comprendido profundamente la ambigüedad del islam, que es a la vez ambas cosas, y que a veces se presenta de un modo y a veces de otro. Y lanza la propuesta de que si queremos encontrar una base común, debemos salir del diálogo religioso para poner los fundamentos humanísticos como la base de este diálogo, porque solo estos son universales y comunes a todos los seres humanos».

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