Un chelín para velas

A Shilling for Candles

Página 1

Autor: Josephine Tey

Hoja de Lata.
Gijón (2019).
320 págs.
21,90 €.
Traducción: Pablo González-Nuevo.

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El argumento de esta novela, que Alfred Hitchcock convirtió en película, comienza con la aparición del cuerpo de una mujer ahogada a primera hora de la mañana en una playa de la costa británica. La mujer es Christine Clay, una actriz inglesa que ha triunfado en Hollywood y ocupa portadas en la prensa del corazón. Al parecer, se había tomado unas semanas de vacaciones y buscaba el anonimato en una casa sencilla cerca del mar, donde solía nadar a primera hora de la mañana. Así lo había hecho el día en que la encontraron ahogada.

El suceso se presenta como un suicidio, pero pronto surgen motivos para pensar que se trata de un asesinato. El caso lo asume el inspector de Scotland Yard Alan Grant, personaje que aparece también en otras novelas de la autora. Grant consigue encontrar a un hombre al que la actriz había dado alojamiento y que reúne las papeletas para ser apresado.

Pero eso hubiera sido demasiado sencillo para una novela de Josephine Tey. La acción avanza y se complica con sucesos que hacen ver otros posibles culpables con motivos suficientes para querer su muerte. Entre otros, el marido de la actriz, que podría sentirse engañado; su detestable hermano Herbert, que desde niño solo le ha proporcionado problemas y ahora reaparece, o una médium que había vaticinado la muerte de Christine.

Una novela trufada de pistas, en la que en cada capítulo aparecen sucesos inesperados con nuevos personajes y lugares. Una trama enmarañada en la que el inspector Alan Grant tendrá que aplicar su experiencia y avivar su perspicacia: cuando parece que ha dado con el criminal, un sesgo del relato deja ver su inocencia para poner en el objetivo a otro posible culpable.

Las novelas de la inglesa Josephine Tey (1896-1952) –entre las que destacan La señorita Pym dispone, El caso de Betty Kane y Patrick ha vuelto– se caracterizan por su estilo correcto y ameno, una buena ambientación costumbrista, frecuentes toques de humor y una especial atención al plano psicológico. La figura del inspector Grant, con sus modales templados, su carácter reflexivo y sus razonamientos tan inteligentes como sosegados, resulta muy lograda. Con todo ello, Tey consigue una acción trepidante, con momentos de álgida tensión que crean un verdadero clímax, un suspense que no decae a lo largo de la novela.


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