Un amor

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Autor: Alejandro Palomas

Destino.
Barcelona (2019).
464 págs.
20,50 € (papel) / 12,99 € (digital).

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Alejandro Palomas (Barcelona, 1967) tiene buen oído para los diálogos y conversaciones familiares, hace gala de una sociología costumbrista muy actual y sus personajes pretenden ser una muestra representativa –algo sesgada– de la nueva sociedad contemporánea. El tono es ágil, ligero. Su prosa aparece muy pegada al mundo íntimo de los personajes. Su último libro, que ha obtenido el Premio Nadal 2018, se lee de manera fácil, pues el ritmo y el estilo buscan en todo momento la sencillez. Los temas son también cercanos: la relación de unos hijos con su madre ya mayor y el trato que tienen entre ellos, tres hermanos de los que el narrador, Fer, dedicado al cine, es el menor.

El hilo conductor de la novela es la boda que va a celebrarse entre Emma, la hermana mayor, y su novia Magali, argentina. Tras la boda civil, toda la familia se traslada a una casa rural a pasar unos días. El ritmo de la novela se rompe frecuentemente con digresiones que explican el pasado de los protagonistas y sus circunstancias actuales. Para crear algo de intriga, el autor introduce de manera un tanto forzada una historia familiar que amenaza ensombrecer el ambiente de felicidad el día de la boda de Emma. La subtrama sirve también para que la novela pase de 400 páginas.

Toda la narración gira en torno a Amalia, la madre de Emma, Silvia y Fer, personaje que ya ha aparecido en otras dos novelas del autor, Una madre (2014) y Un perro (2016). Para los que hayan leído estas novelas, Un amor es otra vuelta de tuerca a la arrolladora personalidad de la madre y al sensible ambiente en el que se mueven los hijos. Amalia se separó de su marido después de cumplir 65. A partir de ese momento, el padre desaparece completamente (se ha vuelto a casar) y son los hijos los que cuidan a la madre. El autor describe numerosos rasgos del carácter de Amalia: es una mujer divertida, simpática, directa, transparente, de buenos sentimientos, que acepta sin ninguna dificultad los sucesivos noviazgos de sus hijos y también sus fracasos sentimentales… Muchos de los golpes cómicos de la novela tienen que ver con las confusiones de Amalia en el manejo del lenguaje, en la manera de meter la pata con algunos comentarios incisivos, en su falta de tacto social, en equivocaciones a la hora de asimilar algunos avances del mundo moderno…

La novela describe pues este microcosmos familiar, que se completa con el marido ausente de Silvia, la novia de Emma y su pasado traumático, los novios de Fer, la tía Inés y dos perros.

Estamos, pues, ante una novela sencilla, costumbrista y, como el resto de las de su autor, marcada por el peso de la emoción, como ha remarcado el propio Palomas en una entrevista: “No pretendo atraer a los lectores por el intelecto sino por la emoción”. Pero, en este caso, los kilos y kilos de emoción se le van de la mano y son la puerta de entrada de una sensiblería melosa y afectada que acaba dominando el relato. A esto hay que sumar un entusiasta conformismo moral que convierte la novela en un prontuario catequético de los sentimientos políticamente correctos, mostrados con tiernas moralejas que precipitan la obra hacia el territorio de lo cursi, pedante y grimoso.


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