Últimos testigos

Poslednie svidételi. Solo dlia détskogo gólosa

Página 1

Autor: Svetlana Alexiévich

Debate.
Barcelona (2016).
336 págs.
22,90 €.
Traducción: Yulia Dovrovolskaia y Zahara García González.

Nuevo libro que se publica en castellano de la Nobel de Literatura 2015, la escritora y periodista bielorrusa Svetlana Alexiévich (1948). En esta ocasión, el hilo conductor son los niños de la Segunda Guerra Mundial, y la autora, como en sus otros libros traducidos –el último, Los muchachos de zinc–, deja que sean los protagonistas los que tengan la voz cantante. También aquí el libro está formado por cientos de retazos de conversaciones en los que los entrevistados recuerdan las duras experiencias que vivieron cuando apenas eran unos niños.

“Somos los últimos testigos. Nuestro tiempo se acaba. Tenemos que hablar… Nuestras palabras serán las últimas”, dice la ahora ingeniera Valia Brínskaia, que era una niña de doce años cuando los alemanes invadieron Rusia. Se trata de recuerdos muy puntuales, momentos concretos de la guerra que han quedado grabados a fuego en la memoria de todos ellos y que, por muchos años que hayan pasado, siguen en carne viva. “Desde entonces, no me quedan lágrimas” y “Mi infancia terminó… cuando oí los primeros disparos”.

El cañamazo de estos recuerdos suele ser cómo la guerra cambió las vidas de aquellos niños y cómo muchos de ellos perdieron a su padre o a su madre en una contienda cruel. Estos niños fueron testigos de hechos macabros, de historias espeluznantes, de muertes violentas… y también de momentos de desbordante humanidad y solidaridad. Recuerdan la llegada de los alemanes a sus aldeas, preludio de una sucesión de ejecuciones y asesinatos. Tienen metidas en sus cabezas los bombardeos de los aviones alemanes. Viven situaciones límite, pues en esos momentos se desató la venganza y el revanchismo. Muchos de los niños acaban en orfanatos.

La autora pone especial énfasis en los recuerdos que tienen de sus padres. “Mi mamá era mi mundo. Mi planeta”; “Yo ya he cumplido cincuenta y un años. Tengo mis propios hijos. Y, sin embargo, todavía sigo queriendo que venga mamá”. Y hablando de su padre, una mujer dice: “Yo era muy pequeña (seis años), pero tengo la sensación de que comprendía que aquella era la última vez que lo veía”. Y otro recuerda: “Estuve esperando a mi padre mucho tiempo. Toda la vida”.

Libro coral, polifónico, como todos los de Alexiévich. Y, como en los otros, la autora tiene el acierto de dejar hablar a sus personajes para recoger de ellos los momentos más auténticos y menos impostados, aquellos en los que sale de una manera transparente la voz de la verdad. En una o dos páginas esenciales, la autora sintetiza los recuerdos más significativos de unos protagonistas de carne y hueso que todavía hoy siguen marcados por las duras experiencias trágicas que tuvieron que vivir. Como dice uno, que tenía ocho años al inicio de la guerra, “vi cosas que no se deben ver… Cosas que un ser humano no debe ver. Y las vi siendo un niño…”.


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