Transhumanismo: la utopía de reinventar la especie humana

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Nicolás Jouve de la Barreda, catedrático de Genética de la Universidad de Alcalá, y miembro del Comité español de Bioética pronunció la conferencia inaugural del XVIII Congreso Internacional Ciencia y vida, celebrado del 22 al 24 de julio de 2013, sobre el tema “Ciencia, humanismos y posthumanismos”. La intervención de Jouve llevaba por título “¿Es ética la manipulación y el diseño genético en el hombre?” Ofrecemos a continuación un resumen.

Jouve explicó que “el gran avance de la Genética y, particularmente, el desciframiento del genoma humano, combinado con el avance en paralelo de otras ramas de la biología, ha traído a la discusión pública la posibilidad concreta de manipular genéticamente a los seres humanos. Si sabemos cuáles son los determinantes genéticos de los caracteres y tenemos herramientas para manejar la información, ¿podemos influir en la misma con el fin de ‘mejorar’ las características físicas de los seres humanos?, ¿es correcto el perfeccionamiento genético de los seres humanos?, ¿no sería esto eugenesia?, ¿es éticamente aceptable la eugenesia?”.

El transhumanismo se puede definir como la utilización de la tecnología para modificar radicalmente a los seres humanos, como individuos, como sociedades, y como especie

Materialismo y eugenesia
Jouve quiso recordar el artículo 10 de La Declaración Universal sobre el Genoma y Derechos Humanos, donde se dice: “Ninguna investigación relativa al genoma humano ni sus aplicaciones, en particular en las esferas de la biología, la genética y la medicina, podrán prevalecer sobre el respeto de los derechos humanos, de las libertades fundamentales y de la dignidad humana de los individuos o, si procede, de los grupos humanos”.

Después, el autor explicó los errores científicos que estaban detrás de prácticas eugenésicas inhumanas, como las ejecutadas por dirigentes del régimen nazi: “Desde la perspectiva científica hay que señalar que esta eugenesia darwiniana o social, es absurda e ineficaz, tanto para la erradicación de las enfermedades, físicas o mentales, como para mejorar el comportamiento humano, dado que no hay un fundamento del determinismo genético de muchos caracteres no deseados, como la agresividad, delincuencia, (…) drogadicción u otros (…). El aprendizaje y en mayor medida la inteligencia son fenómenos humanos determinantes del análisis racional de los estímulos o situaciones que plantea el mundo exterior de cada persona. En el comportamiento humano las acciones razonadas predominan frente a las instintivas y reflejas, y la inteligencia domina a los genes, no al revés”.

Después habló de una neoeugenesia en los comienzos del siglo XXI: “No otra cosa es lo que está ocurriendo con la capacidad de seleccionar embriones derivados de la tecnología de la reproducción asistida y también de ejercer un control negativo sobre la natalidad tras unos cribados y análisis genéticos durante la etapa fetal (…) el llamado diagnóstico genético preimplantatorio o prenatal ha derivado en las prácticas de la selección y eliminación de embriones o fetos antes de nacer”.

Existen errores no solo éticos, sino científicos: “Si bien es cierto que sabemos diagnosticar una fibrosis quística, una neurofibromatosis o un síndrome de Down en los embriones o en los fetos, su eliminación, aparte de no curar nada, no nos librará de la incidencia de nuevas mutaciones determinantes de nuevos embriones o fetos portadores de estas u otras enfermedades. Simplemente las mutaciones son recurrentes e impredecibles (…) Pero además y sobre todo, la eliminación de una vida humana, defectuosa o no, no deja de ir contra los más elementales principios éticos”.

El transhumanismo supone una deshumanización que pretende sobrecapacitar a unos cuantos a través de la tecnología, en detrimento del resto de la humanidad

Terapias y experimentos
Dentro de la ingeniería genética, Jouve hizo una valoración positiva de la terapia génica, siempre que no suponga una modificación arbitraria de la naturaleza. Es “una tecnología basada en la ingeniería genética, en este caso aplicada en la dirección de la corrección de enfermedades de base genética en el hombre (…)”.

Respecto a la llamada biología sintética comentó: “En Mayo de 2010 (…) los investigadores del John Craig Venter Institute (…) publicaron en la prestigiosa revista Science los resultados de unos experimentos por los que se construía por primera vez una ‘célula sintética bacteriana autorreplicante’ [ver Aceprensa, 21-05-2010]. Era el primer capítulo de la biología sintética. (…) Recrear un genoma a imitación de otro que ya existe en la naturaleza no significa que el hombre sea capaz de ‘crear vida’ en el laboratorio. Lo hecho es como si hubiésemos desmontado pieza a pieza el panel de mandos de un Airbus, y tras copiar todas estas piezas, las hubiésemos ensamblado y se las hubiésemos colocado a un Jumbo (en sustitución de su propio panel de mandos). ¿Sería tan asombroso que el Jumbo artificial o de imitación levantase el vuelo? Yo, por si acaso, no lo probaría. Pero salvando las distancias, por muy importante que sea el panel de mandos de un Jumbo, el ADN un ser vivo es mucho más complejo y encierra muchísimas mas instrucciones y de más complicada coordinación. Tres mil ochocientos millones de años de evolución no se improvisan en 15 años de experimentos”.

El último desafío es el del posthumanismo o transhumanismo: “En enero pasado leíamos en Spiegel Life International un artículo del Dr. George Church, un profesor experto en biología sintética de la Universidad de Harvard, que merece toda nuestra atención y nos debe alertar sobre las corrientes materialistas y transhumanistas que se avecinan (…) George Church desvela sus proyectos de crear ADN sintético, resucitar especies extinguidas, crear especies y organismos nuevos en el laboratorio y producir seres humanos longevos e inmunes a enfermedades”.

“Si bien a nivel individual se podrán lograr ciertas mejoras, alargar la vida, lo que no es creíble es lograr la inmortalidad ni crear una nueva especie”

¿Transhumanismo o antihumanismo?
“El transhumanismo se puede definir como la utilización de la tecnología para mejorar radicalmente a los seres humanos, como individuos, como sociedades, y como especie, así como pensar que hacerlo es bueno (…) Los transhumanistas aspiran a mejorar la condición humana por medio de un encadenamiento de tecnologías de lo que se ha dado en llamar ‘nano-cogno-bio-info’: nanotecnología, neurociencia, biotecnología y tecnologías del conocimiento o informáticas. No se trata, simplemente de mejorar la salud, eliminar las discapacidades o curar las enfermedades, sino de producir seres humanos más fuertes, más rápidos y atléticos, más inteligentes, modelando los cerebros para que retengan más información y se comuniquen directamente con las computadoras.

“Se incluyen en este conjunto de ideas la creación de miembros artificiales o incluso cerebros. Un ejemplo de esto lo ofrece el creación artificial de neuronas, aprobado por la Food and Drug Administration, de los EE.UU., para usos clínicos por medio del reemplazamiento de neuronas dañadas por el mal de Parkinson. El dispositivo permite descargar programas directamente de un ordenador ex vivo al implante de células o dispositivos en el cuerpo. Por ahora, estos mecanismos se reservan para enfermos de Parkinson, pero en el futuro será más difícil distinguir entre lo que constituye una enfermedad y lo que es meramente una disminución de salud, o entre lo que es terapia y lo que se hiciera para potenciar una capacidad física o mental.

“Esto es lo que ha dado paso al llamado ‘Proyecto Cyborg’, creado por Kevin Warwick, un profesor de la universidad británica de Reading. Básicamente se trata de crear e implantar unos dispositivos en el sistema nervioso que funcionan en conjunto con un interfaz externo, a modo de control remoto. La idea de Warwick es llegar a convertir a un individuo en un telépata, o peor aun, en un autómata. Mediante las conexiones de electrodos al sistema nervioso se podría lograr transferir las señales del organismo a mecanismos externos, como un brazo robótico u otros artilugios.

“Mediante este tipo de experimentos se trata de expandir los sentidos humanos, de modo que las personas sean capaces de potenciar sus capacidades auditivas, visuales o incluso mentales… Ya se piensa en la creación de criaturas mitad humanas y mitad máquinas, que es a lo que alude el término cyborg y que también define lo que se ha dado en llamar el ‘proyecto avatar’. Una de las ideas de este proyecto es trasladar la mente, la personalidad y la memoria de un ser humano a un robot, un androide o a un ordenador. Se trata de crear un modelo informático de la conciencia humana que permita transferir la consciencia de un individuo a un soporte informático”.

El cuerpo humano como mercancía
Jouve hace una valoración final: “Aparte del reduccionismo y materialismo de todas estas iniciativas, lo que todo esto revela es una mercantilización del cuerpo humano. El transhumanismo supone una deshumanización que hará que por medio de la tecnología se capacite a unos cuantos, en detrimento del resto de la humanidad, lo que en el fondo es otro modo de crear castas que separen a unos seres humanos de otros.

“Permítanme para terminar que lance una crítica a la falta de ética de todas estas ideas, que demuestran directamente una carencia de escrúpulos y respeto a la dignidad de las personas, y que señale mi total escepticismo con relación a las mismas. Aspirar a que mediante una combinación de estas tecnologías se lograrán superar las capacidades humanas actuales y surgirán seres humanos más longevos, resistentes a todo tipo de enfermedades y más inteligentes, es una utopía irrealizable. Se quiera o no, somos seres con fecha de caducidad. Una caducidad que no es fruto solo del desgaste funcional por el deterioro celular, la acumulación de mutaciones o la modificación de la expresión génica u otras moléculas relacionadas con su actividad, sino de un ajuste fino e interactivo de miles de elementos que han seguido un proceso dinámico de selección natural a lo largo de 3.800 millones de años de evolución, por lo que, si bien a nivel individual se podrán lograr ciertas mejoras, alargar la vida, lo que no es creíble es lograr la inmortalidad ni crear una nueva especie”.


Algunos datos del Congreso

En otra conferencia, Ignacio Sánchez Cámara, Catedrático de Filosofía del Derecho de la Universidad de A Coruña, trató el tema de “Educación y posthumanismo”.

El Congreso contó también con cuatro mesas redondas multidisciplinares, en las que participaron profesores universitarios de España, Chile, México, y Argentina.

En los coloquios con los ponentes, participaron un nutrido grupo de congresistas de España y Latinoamérica. Los Congresos Ciencia y Vida están impulsados por ULIA, Universidad Libre Internacional de las Américas, la primera universidad provida y gratuita, que se fundó en San José de Costa Rica el año 2001.

El Congreso se celebró en la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Comunicación de la Universidad San Pablo CEU de Madrid. Aceprensa.


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