El Observatorio

Tomar apuntes a mano, mejor que con ordenador

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¿Influye en las notas la forma en que se tomen apuntes, manualmente o con ordenador? Como explica Susan M. Dynarski en la web de Brookings Institution, varias investigaciones han tratado de responder a esta cuestión. La conclusión es que los estudiantes que emplean papel y boli sintetizan mejor el contendido de las lecciones, por lo que obtienen mejores puntuaciones en los exámenes.

Algunos de los estudios que confirman esta tesis están basados en experimentos “artificiales”, es decir, realizados en entornos modificados precisamente para aislar el factor analizado de otras posibles influencias que pudieran distorsionar los resultados.

Los apuntes a ordenador son más fieles a la clase original, pero resultan menos útiles porque están menos “procesados”

Uno de estos experimentos fue diseñado por un equipo de investigadores de dos universidades norteamericanas (Princeton y UCLA): a un grupo de estudiantes se les proyectó una clase grabada; previamente se les había repartido, de forma aleatoria para evitar diferencias “de origen” que pudieran invalidar los resultados, un ordenador o simplemente boli y papel. Estos últimos obtuvieron mejores puntuaciones en el examen sobre la lección que todos realizaron después.

El peligro de la velocidad y la multitarea

Los investigadores formulan la hipótesis de que, como la velocidad de escritura digital supera a la manual, los estudiantes que disponen de un ordenador tienden a transcribir la lección de forma lineal: la información entra por los oídos y fluye hasta los dedos sin detenerse en el cerebro para ser procesada y “cribada”. En cambio, a los que escriben en papel, la necesidad de resumir les fuerza a sintetizar y jerarquizar, lo que provoca una mejor comprensión global del mensaje.

En un segundo experimento, los investigadores trasladaron estas ideas a los alumnos con ordenador, antes de proyectar otra clase. Sin embargo, la advertencia apenas tuvo efecto en la diferencia de resultados entre ambos grupos.

Otro peligro de los ordenadores es su capacidad para distraer al estudiante, por la tentación de la multitarea. En un experimento llevado a cabo por un equipo de investigadores de dos universidades canadienses, y publicado en 2013, se pidió a un grupo de estudiantes que atendieran a una lección con un ordenador encima de la mesa. Algunos de ellos tenían que buscar al mismo tiempo algo de información en Internet (la duración de algunas películas). Los demás estaban exentos, y podían dedicar toda su atención a la clase. Como era previsible, los primeros sacaron peores resultados que los segundos en los tests posteriores. Pero, entre estos últimos también se apreció una importante variación: los que desde su posición en el aula –asignada aleatoriamente– podían ver las pantallas de los multitarea obtuvieron una puntuación significativamente más baja que los que estaban más alejados.

También en entornos reales

Algunos comentaristas han señalado que este tipo de experimentos, precisamente por su artificialidad, no sirven para predecir lo que ocurriría en un entorno real. En una asignatura “de verdad”, los estudiantes que utilizan el ordenador probablemente revisan sus apuntes después de clase, y, como tienen un material más fiel a la lección original, pueden aprender más. Además, no es lo mismo que las notas cuenten en el currículum o no.

Las pantallas aumentan las distracciones, también de los que están alrededor

Sin embargo, un estudio publicado en Economics Education Review en 2017 desmiente tales hipótesis. En este caso, se dividió en tres grupos a los estudiantes de un curso de economía impartido en la Academia Militar norteamericana: el primero podía utilizar dispositivos electrónicos sin restricción; el segundo también podía utilizarlos, pero debían estar encima de la mesa a la vista del profesor; el tercero solo disponía de papel y boli. El incentivo para aprobar aquí sí era real, incluso quizá más acuciante que en una clase de universidad corriente, porque el puesto dentro de la promoción tiene consecuencias directas sobre el futuro inmediato. Los resultados, una vez más, fueron favorables a los alumnos “no digitales”. En cambio, apenas hubo diferencias entre los otros dos grupos.

Dynarski reconoce que hace falta más investigación sobre cómo influyen las pantallas en el rendimiento cognitivo dentro del aula. Además, quizá haya algunas circunstancias –asignaturas o alumnos concretos– en que el ordenador pueda ayudar. Sin embargo, “para el tipo de clase más común, la mejor investigación hasta ahora sugiere que los estudiantes deben cerrar sus ordenadores y agarrar el boli”.


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