Spotify, la nueva forma de disfrutar de la música
- FERNANDO ARIAS MARQUÉS
- 2.MAR.2009
La idea es muy simple: olvídate de almacenar tu biblioteca musical en tu disco duro. Sustituye tu reproductor musical por uno nuevo, de aspecto parecido a iTunes pero mucho más sencillo. Escucha toda la música que quieras, todas las veces que quieras, cuando quieras y donde quieras, y sin pagar.
Spotify sólo requiere darse de alta en el servicio, como en cualquier otro, y descargarse una aplicación que está disponible para PC y para Mac, aunque aseguran que también corre en Linux sobre Wine. Una vez ejecutada, sólo hay que dedicarse a escuchar música: decidir qué quieres oír y darle al play. Eso es todo. Ya puedes borrar tu carpeta de música y cancelar tus descargas de música del uTorrent o del eMule.

Así es como funciona: exactamente como tu reproductor de música actual (la interfaz se parece sospechosamente a la de iTunes), sólo que las canciones, simplemente, están ahí, en algún sitio del ciberespacio del que no te tienes que preocupar. Basta que busques el artista, o el álbum, o la canción que te apetezca y la escuches. Casi todo es clicable, así que si pulsas en un álbum te saldrá todo el disco, pero si pulsas en el artista te saldrán todos sus discos, incluso en aquellos en los que aparece como colaborador, y sus grandes éxitos. Y puedes hacer tus propias listas de reproducción (playlists), arrastrando las canciones a una lista que puedes crear en la barra que se encuentra a la izquierda. En resumen, todo funciona como se espera que lo haga, como el iPhone, como una tostadora o como tu viejo tocadiscos.
La pregunta que a todo el mundo le viene a la cabeza es: ¿es legal todo esto? Pues por raro que parezca lo es, tan legal como escuchar la radio. Y es que algo parecido a escuchar la radio es lo que estamos haciendo cuando usamos Spotify.
Entonces, ¿de dónde consiguen ingresos? Hay dos vías principales de financiación: la primera es la publicidad directa, insertada de tanto en tanto entre canciones. La publicidad no es intrusiva, pues ocurre siempre entre canciones, no a mitad de un tema. Y además ocurre con una frecuencia tan baja que no es molesta.
La segunda vía de financiación es la suscripción de los usuarios a un servicio Premium o a los pases de un día. Los pases de un día cuestan un euro y permiten escuchar música durante veinticuatro horas sin publicidad. Son ideales para hacer fiestas en casa. Las suscripciones se pueden hacer por un mes (10 euros) o por un año (100 euros). El precio difícilmente podría ser más competitivo, suponiendo que hubiera competencia.
Parece que son todo ventajas: para los que no quieren pagar hay solución, para los que están dispuestos a pagar, también. Todos tienen lo que quieren, pues Spotify pagará a las discográficas los derechos de retransmisión de los contenidos y los usuarios obtendrán lo que siempre han querido.
Por otra parte, hay algunos inconvenientes: quizá el más importante es que no están todos los contenidos que uno busca. Algunos porque la productora no ha cedido los derechos, otros porque ciertos contenidos están autorizados sólo en determinados países, y otros porque sencillamente no existen en formato digital para descarga o streaming. Esperamos que la biblioteca de títulos siga creciendo, aunque a día de hoy casi toda la música nueva está disponible, y la vieja en su mayoría.
Así pues, parece ser que Spotify es un producto o plataforma realmente revolucionaria. Es comparable a la aparición del CD o al MP3, pero no por la tecnología en sí, pues todo lo que ofrece ya existía hace años, sino por el modelo de negocio, que ha juntado en uno los conceptos de Winamp, Apple Store, eMule, GoEar y Last.fm, quitando lo que sobra y quedándose sólo con la chicha de cada uno.
Al no existir los problemas legales, nos ahorramos los quebraderos de cabeza. Casi todos los nuevos servicios que aparecen en la red tienen un aspecto controvertido: ¿será bueno que mis hijos estén en Facebook?; ¿es una pérdida de tiempo Twitter?; ¿hay pornografía o violencia en MySpaces?; ¿fomenta la apatía jugar al Warcraft? En el caso que nos ocupa, yo más bien preguntaría: ¿qué hay de malo en escuchar música?